Todos experimentamos la fatiga y el cansancio, que es propio de nuestra condición de criaturas. Necesitamos descansar, pero no siempre sabemos cómo hacerlo y que el tiempo de descanso no se convierta en un egoísmo o incluso en ocasión de una ofensa a Dios. El descanso cristiano no es evasión ni simple ocio vacío, sino reordenación del corazón: volver a Dios, a los demás y a la creación. Los Padres de la Iglesia y los grandes autores espirituales lo entendieron…