Monseñor Juan Ignacio González preside solemne Te Deum llamando a reconstruir la Patria sobre fundamentos morales perennes y a superar las divisiones

 

Ante autoridades nacionales y locales reunidas en la Catedral, el obispo Juan Ignacio González exhortó a fortalecer la democracia sobre bases éticas, superar las divisiones y enfrentar unidos la violencia, el narcotráfico y la falta de oportunidades.

San Bernardo. – Con un profundo sentido de gratitud a Dios y un llamado a la unidad esencial de la nación, este jueves 17 de septiembre se celebró el solemne Te Deum de Fiestas Patrias en la Iglesia Catedral de San Bernardo. La liturgia fue presidida por el Obispo de la Diócesis, Monseñor Juan Ignacio González Errázuriz, concelebrada por monseñor Kurian Mathew Vayalunkal, Nuncio Apostólico, y por el Vicario general de la Diócesis, Pbr. Mario Bernal, así también contó con la destacada presencia de S.E. el Presidente de la República y su esposa, ministros de Estado, autoridades parlamentarias, el Alcalde y el Concejo Municipal, así como altos mandos de las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad, voluntariado y una numerosa asistencia de fieles.

En una homilía pastoral y doctrinalmente precisa, el Obispo de San Bernardo invitó a mirar la realidad del país “con verdad y con la confianza de quienes saben que Dios no abandona a su pueblo”. Tomando como inspiración la figura bíblica del profeta Nehemías ante las ruinas de Jerusalén, Monseñor González hizo un apremiante llamado a una reconstrucción no solo material, sino eminentemente moral, fundada en el respeto a la Ley de Dios. “Nuestra Patria no es solamente el territorio que habitamos, ni una suma de intereses individuales (…) La patria se funda y se renueva en ese camino común que nos une y nos impulsa, pero ese camino tiene raíces morales”, señaló.

El valor y los límites éticos de la democracia Fiel al Magisterio de la Iglesia, el Obispo advirtió con sobriedad sobre la necesidad de dotar a nuestro sistema democrático de bases prepolíticas y morales que resguarden la dignidad esencial de la persona humana. Recordando las enseñanzas de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, enfatizó que las reglas democráticas son un procedimiento valioso, pero no el fundamento último de la legitimidad moral. “La mayoría puede decidir muchas cosas, pero no puede decidir qué es el bien y qué es el mal, ni disponer de la dignidad fundamental de la persona”, subrayó.

En este contexto, Monseñor González abordó los desafíos éticos que plantean corrientes contemporáneas como el transhumanismo, así como realidades legales y sociales complejas (aborto, eutanasia, maternidad subrogada). Recordó que “la verdadera democracia necesita una referencia a la verdad sobre el hombre”, para evitar que degenere en una tiranía de las mayorías.

Lecciones de nuestra historia: Unidad frente a la adversidad Haciendo eco de la rica historia local, el Pastor recordó el “Combate de las Tres Acequias” de 1814, librado en tierras de San Bernardo, donde las divisiones internas casi cuestan la independencia de la Patria. A la luz de este hecho, instó a las autoridades y a la ciudadanía a abandonar discordias estériles para enfrentar unidos los grandes peligros de hoy: la violencia, el narcotráfico, el crimen organizado, la inseguridad y la falta de oportunidades. “Las legítimas discrepancias políticas, sociales o culturales no deben hacernos olvidar que somos compatriotas. ¡Somos hermanos!”, exhortó.

Un deber común frente al futuro El Obispo animó a los presentes a no dejarse vencer por el temor ni por la resignación pasiva, recordando que la esperanza cristiana es activa y exige el ejercicio de la justicia y la autoridad legítima. Siguiendo el ejemplo de los constructores de Jerusalén, recordó que cada chileno —gobernantes, legisladores, jueces, militares, educadores, empresarios, comunicadores y familias— tiene “una parte de la muralla que levantar”.

Al concluir la celebración, y en el marco del centenario de la coronación de la Virgen del Carmen como Reina y Patrona de Chile, el Obispo encomendó el futuro de la nación a su cuidado maternal. Fieles a la sagrada costumbre de la diócesis, la liturgia finalizó con el descenso de las autoridades a la cripta de la Catedral, para rendir homenaje a los héroes de la Patria y fundadores de la comuna que allí descansan.

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