18 de agosto de 2026 .- En el Templo Votivo de Maipú, la comunidad de Alguaciles se congregó en torno al Altar para dar gracias a Dios por su misión y reflexionar, a la luz del Evangelio, sobre el valor de la amistad cívica, el servicio desinteresado y la ejemplaridad de vida, encomendando su labor a la maternal protección de la Virgen del Carmen.
En un ambiente de profunda comunión eclesial y solemne recogimiento, el pasado 17 de agosto a las 11:00 horas, se celebró en el Santuario Nacional y Templo Votivo de Maipú la Eucaristía de Acción de Gracias del Círculo de Amigos de Carabineros de Chile. Esta celebración fue una invaluable oportunidad espiritual para dar gracias a Dios por la noble labor institucional y reflexionar sobre la vocación de servicio que une a la ciudadanía civil con quienes resguardan el orden y la paz en nuestra Patria.
Durante su homilía, titulada “Servir a quienes sirven”, nuestro Obispo, Monseñor Juan Ignacio González Errázuriz, invitó a los fieles y, de manera particular, a los Alguaciles presentes, a meditar sobre el fundamento genuinamente cristiano de su corporación. Inspirado en la enseñanza de Jesús -“El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10,45)-, el Pastor diocesano destacó que la misión de los Alguaciles halla su sentido más profundo en el verbo “acercarse”, a imagen del Buen Samaritano. Este acercamiento se traduce en estar cerca de quienes cumplen silenciosamente su deber, de los que patrullan en la soledad de la noche y, de manera muy especial, de las familias de aquellos que han entregado su vida en acto de servicio.
Esta honda reflexión pastoral se entrelaza inseparablemente con la misión formal de la Corporación “Círculo de Amigos de Carabineros de Chile”. Nacida de la generosidad y el compromiso cívico de ciudadanos honorables, esta entidad de derecho privado sin fines de lucro tiene el propósito esencial de constituirse en un sólido pilar de apoyo, respaldo y reconocimiento hacia el personal policial. En coherencia con la fe y el bien común, los Alguaciles asumen el altruista deber de acompañar a la institución en los momentos más difíciles y fortalecer los lazos de confianza entre Carabineros y la comunidad civil.
En su predicación, nuestro Obispo estructuró el llamado a la corporación en dos grandes pilares. El primero: “Que allí donde haya un Alguacil, ningún Carabinero se sienta solo”, recordando que la verdadera caridad y amistad se prueban en las horas de adversidad. El segundo: “Que allí donde haya un Alguacil, Chile pueda encontrar también un ciudadano ejemplar”. En este sentido, Monseñor exhortó a los presentes a cultivar virtudes esenciales y arraigadas en la doctrina de la Iglesia: la honradez, la lealtad, la generosidad, la prudencia, la fortaleza y la humildad. Recordó, con sobriedad y firmeza, que la cercanía a quienes hacen cumplir la ley jamás puede ser vista como una ocasión de privilegio, sino como una obligación moral superior de rectitud ciudadana.
Al elevar nuestras oraciones en la Santa Eucaristía, la asamblea guardó un momento de respetuosa gratitud para hacer memoria de los mártires de la Institución. Iluminados por las palabras del Señor, “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15,13), se reconoció que el juramento de servicio de cada carabinero ante Dios y la bandera constituye un acto supremo de entrega. La amistad del Alguacil, enfatizó el Obispo, debe saber permanecer al pie de la cruz, llevando consuelo en la hora del sacrificio.
La celebración eucarística concluyó encomendando a todo el personal de Carabineros de Chile, al Círculo Mayor y a cada uno de los Alguaciles del país bajo la mirada atenta de la Santísima Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile. Se elevó una fervorosa plegaria para que Ella les conceda un corazón dispuesto a hacer realidad el propósito de servir a Dios, a la comunidad y a la Patria, custodiando juntos el orden justo y el bien común que aseguran la paz de todos los chilenos.


