Homilía en la Misa de Acción de Gracias del Círculo de Amigos de Carabineros de Chile.

Homilía en la Misa de Acción de Gracias del Círculo de Amigos de Carabineros de Chile.
Templo Votivo de Maipú.
17 de agosto de 2026

 

“Servir a quienes sirven”

Queridos hermanos y hermanas:

Celebrar la Santa Misa junto al Círculo de Amigos de Carabineros de Chile nos permite mirar desde la fe algo que está en el origen mismo de esta Corporación: la amistad, el servicio y la gratitud hacia quienes han hecho de la protección de los demás una profesión y una vocación.

Entre las finalidades de los Círculos de Amigos de Carabineros se encuentra “propender al cultivo de los más altos valores morales ciudadanos”, proyectar hacia la comunidad la acción de Carabineros y apoyar, resaltar y difundir sus funciones de bien público.

Hay una expresión que puede resumir admirablemente esta misión y que quisiera que recorriera nuestra reflexión:

Que allí donde haya un Alguacil, ningún Carabinero se sienta solo; y que allí donde haya un Alguacil, Chile pueda encontrar también un ciudadano ejemplar dispuesto a servir a Dios, a la comunidad y a la Patria.

Son las dos caras de una misma vocación: amistad con Carabineros y ejemplaridad personal.

Que ningún Carabinero se sienta solo

Jesús nos dejó una regla fundamental para comprender toda autoridad y toda responsabilidad:

“El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10,45).

Carabineros existe para servir. El carabinero que vigila una calle durante la noche, el que patrulla un camino apartado, el que acude a un accidente, el que auxilia a una familia, el que permanece en una frontera o el que arriesga su integridad para proteger a una persona desconocida está realizando, muchas veces silenciosamente, un servicio a los demás.

Por eso podríamos definir de una manera muy sencilla la misión de los Alguaciles: servir a quienes sirven.

Y de ahí surge la primera parte de nuestra frase:

“Que allí donde haya un Alguacil, ningún Carabinero se sienta solo”.

¿Qué significa concretamente?

Significa que el Alguacil debe estar cerca. Cerca del carabinero que cumple silenciosamente su deber; cerca del que está destinado lejos de su familia; cerca del enfermo; cerca del herido en acto de servicio; cerca de quien atraviesa una dificultad; cerca de su esposa, de su esposo y de sus hijos; y muy especialmente cerca de la familia de aquel que ha entregado su vida cumpliendo su misión.

El Evangelio del Buen Samaritano utiliza una expresión muy sencilla. Ante el hombre herido, el samaritanose acercó” (Lc 10,34).

Antes de curarlo, antes de llevarlo a la posada y antes de pagar por su cuidado, hizo algo fundamental: se acercó.

Ésta podría ser también una palabra profundamente cristiana para definir la misión del Alguacil: acercarse.

Acercarse con respeto, sin interferir jamás en las funciones propias de Carabineros. Acercarse sin buscar favores. Acercarse sin esperar privilegios. Acercarse para escuchar, acompañar, agradecer y servir.

Porque la amistad verdadera se demuestra especialmente cuando llegan las dificultades:

“El amigo ama en toda ocasión, y el hermano nace para tiempo de angustia” (Pr 17,17).

Es fácil ser amigo en los momentos de prestigio y reconocimiento. La verdadera amistad se prueba en las horas difíciles.

Por eso, que ningún Carabinero se sienta solo allí donde exista un Alguacil.

Que Chile encuentre en cada Alguacil un ciudadano ejemplar

Pero nuestra frase tiene una segunda parte igualmente importante:

“Que allí donde haya un Alguacil, Chile pueda encontrar también un ciudadano ejemplar”.

Porque no basta ser amigo de Carabineros. La amistad con una institución fundada sobre el deber, la disciplina, la honradez y el servicio compromete también la propia vida.

Si entre las finalidades de los Alguaciles está «el cultivo de los más altos valores morales ciudadanos», esos valores deben comenzar por cultivarse en cada uno de sus miembros.

No podemos pedir honradez sin procurar ser honrados; hablar de servicio sin servir; defender el respeto a la ley sin respetarla; hablar de patriotismo sin estar dispuestos a sacrificar nuestros intereses particulares por el bien común.

El Catecismo define la virtud como:

“una disposición habitual y firme a hacer el bien” (CEC 1803).

Por eso, pertenecer al Círculo de Amigos de Carabineros supone también una responsabilidad de ejemplaridad personal.

El Alguacil debería distinguirse, en primer lugar, por su honradez. La cercanía a una institución encargada de hacer cumplir la ley jamás puede convertirse en ocasión para obtener una ventaja, una influencia, una excepción o un privilegio. Debería producir exactamente lo contrario: una obligación todavía mayor de cumplir la ley y los propios deberes.

Debe distinguirse por su lealtad. Una lealtad que no significa aprobarlo todo, sino acompañar con verdad, sostener en las dificultades y ayudar, cuando sea necesario, a corregir fraternalmente.

Debe distinguirse por su generosidad, entregando gratuitamente tiempo, capacidades, preocupación y ayuda. Aquí adquiere especial sentido aquella hermosa reflexión de Gabriela Mistral sobre “el placer de servir”, que el propio Manual de Doctrina y Código de Ética de Carabineros de Chile incorpora al reflexionar sobre el carabinero como servidor público y patriota.

Debe distinguirse por su prudencia, porque la cercanía con quienes ejercen una función pública exige discreción, reserva y buen juicio. “La prudencia -enseña el Catecismo- dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien” (CEC 1806).

Debe distinguirse por su fortaleza, porque no basta acompañar cuando todo marcha bien. Hay que permanecer también cuando llegan la adversidad, la incomprensión y el sufrimiento.

Y debe distinguirse especialmente por su humildad.

Ser Alguacil no debería entenderse nunca como un título de prestigio, una cercanía al poder o una distinción social. Es exactamente lo contrario: es asumir una responsabilidad de servicio.

Jesús lo dice:

“El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor” (Mt 20,26).

Por eso, el distintivo del Alguacil debería recordar permanentemente algo muy sencillo: no significa solamente «pertenezco». Significa principalmente: «estoy disponible para servir».

Y así comprendemos nuevamente nuestra frase: donde haya un Alguacil, Chile debería encontrar un buen ciudadano.

Servir a Dios, a la comunidad y a la Patria

Pero hemos agregado todavía tres palabras: servir a Dios, a la comunidad y a la Patria.

Servir a Dios significa reconocer que nuestra conducta está sometida a una ley moral superior a nuestros intereses. Significa actuar rectamente también cuando nadie nos observa, porque sabemos que nuestra conciencia está siempre delante de Dios.

Servir a la comunidad significa no vivir encerrados en nuestros propios intereses. Significa descubrir que también somos responsables del bien de los demás, especialmente de los más débiles.

Y servir a la Patria significa comprender que Chile no es solamente un territorio. Es una historia recibida, una comunidad de personas, una cultura, unas instituciones y un patrimonio que hemos heredado y que debemos transmitir a quienes vienen después de nosotros.

El patriotismo no consiste solamente en emocionarse ante la bandera o cantar el himno nacional. Se demuestra también respetando las leyes, cumpliendo la palabra empeñada, trabajando honradamente, cuidando los bienes públicos, tratando dignamente a los demás y sacrificando, cuando corresponde, el interés propio por el bien común.

La Patria se construye mediante estas pequeñas fidelidades cotidianas.

Por eso San Pablo nos dice:

“No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien” (Rm 12,21).

Frente al deterioro de la convivencia, el Alguacil debe responder con respeto; frente a la corrupción, con honradez; frente al individualismo, con servicio; frente a la indiferencia, con solidaridad; frente a la división, con amistad cívica.

Así, el Alguacil ayuda a Carabineros no solamente por aquello que hace por la Institución, sino también por la clase de ciudadano que procura ser.

Custodiar juntos el bien común

La ética cristiana enseña que el orden y la autoridad existen al servicio del bien común. El Catecismo afirma:

“El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo” (CEC 1909).

Por eso Chile necesita una policía profesional, honrada, respetada, respetuosa de la dignidad humana y capaz de hacer cumplir la ley. Sin seguridad y sin un orden justo terminan sufriendo especialmente los más débiles.

El Papa Francisco, hablando precisamente a miembros y familiares de policías, definió la profesión policial como una auténtica misión” y señaló que el verdadero sentido de este servicio se encuentra en la defensa de los débiles y de la legalidad” (Discurso a los familiares de las víctimas y de los caídos en servicio de la Policía de Estado italiana, 21 de mayo de 2015).

Defender al débil y defender la legalidad están profundamente unidos. Cuando desaparece la ley, normalmente no triunfa la libertad: triunfa el más fuerte.

Por eso Carabineros y Alguaciles tienen funciones distintas, pero pueden encontrarse en una misma preocupación por el bien común. El carabinero desde la misión que la Constitución y la ley le confían; el Alguacil desde la amistad, la colaboración ciudadana y el testimonio personal de las virtudes cívicas.

Estar también en la hora del sacrificio

Esta amistad alcanza una profundidad especial cuando recordamos a quienes han entregado su vida.

El Manual de Doctrina y Código de Ética de Carabineros de Chile habla del deber de reconocer y honrar a quienes los antecedieron, «en especial aquellos que ofrendaron su propia vida en virtud de su compromiso con dichos principios doctrinarios» (Manual, p. 6).

Ante ellos recordamos inevitablemente las palabras del Señor:

“Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15,13).

El propio Juramento de Servicio de Carabineros es definido por el Manual como:

“el compromiso que adquiere todo carabinero al jurar, ante Dios y la bandera de la Patria, cumplir con fidelidad sus deberes”.

Manual de Doctrina y Código de Ética de Carabineros de Chile, p. 60.

Ante Dios y ante la bandera de la Patria.

No son palabras menores. Una persona empeña públicamente su palabra para servir a otros.

El Papa León XIV, dirigiéndose en 2025 a jóvenes gendarmes que habían prestado juramento, les recordó que aquella promesa no fue una simple fórmula que repetir, sino un acto de libertad y de entrega” (Homilía para el Cuerpo de Gendarmería del Estado de la Ciudad del Vaticano, 5 de octubre de 2025).

También aquí adquiere todo su significado nuestra frase: que ningún Carabinero se sienta solo. Mucho menos cuando ha sido herido, cuando atraviesa el sufrimiento o cuando su familia ha debido pagar dolorosamente las consecuencias de su entrega al servicio.

La amistad del Alguacil debe saber permanecer también allí.

Una misión y un examen de conciencia

Queridos Alguaciles: quizá estas dos afirmaciones puedan convertirse también en un pequeño examen de conciencia para cada uno.

¿Hay algún Carabinero cerca de mí que se siente solo y al que yo podría acompañar?

Y, al mismo tiempo:

¿Puede Chile encontrar en mí el ciudadano ejemplar que mi condición de Alguacil me invita a ser?

Son dos preguntas sencillas, pero contienen un verdadero programa de vida.

Que cuando alguien conozca a un Alguacil pueda reconocer en él honradez, lealtad, prudencia, generosidad, fortaleza, humildad, espíritu de servicio y amor a Chile.

Que su cercanía con Carabineros no sea nunca ocasión de privilegio, sino motivo de mayor responsabilidad.

Que el distintivo que llevan exteriormente corresponda cada día más a una disposición interior.

Y que la amistad con Carabineros se transforme siempre en obras concretas de cercanía, gratitud y servicio.

Porque quizá la mejor manera de honrar a quienes han jurado servir a Chile sea que quienes se llaman sus amigos hagan también de su propia vida un servicio.

Pidamos al Señor por Carabineros de Chile, por cada uno de sus hombres y mujeres, por sus familias, por los enfermos y heridos y, de manera muy especial, por aquellos que entregaron su vida en acto de servicio.

Pidamos también por el Círculo Mayor y por todos los Alguaciles de Chile, para que nunca olviden la razón profunda de su misión.

Y pongámoslos bajo la protección de la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile. Que ella les conceda un corazón honrado para actuar, leal para acompañar, prudente para aconsejar, generoso para servir, fuerte para permanecer y humilde para no buscar recompensa.

Y que, con la ayuda de Dios, podamos hacer realidad este propósito:

Que allí donde haya un Alguacil, ningún Carabinero se sienta solo; y que allí donde haya un Alguacil, Chile pueda encontrar también un ciudadano ejemplar dispuesto a servir a Dios, a la comunidad y a la Patria.

Amén