Día de la Solidaridad: El legado de San Alberto Hurtado en el corazón de nuestra Iglesia

Cada 18 de agosto, la Iglesia que peregrina en Chile conmemora con profundo gozo la fiesta de San Alberto Hurtado (1901-1952), sacerdote jesuita, abogado e incansable apóstol de la justicia social. En honor a su partida a la Casa del Padre, el Estado instauró esta fecha como el Día de la Solidaridad, un llamado que resuena con fuerza en cada rincón de nuestra Diócesis de San Bernardo.

 

Para iluminar nuestra reflexión en esta jornada, nuestro Obispo, Monseñor Juan Ignacio González, ha dirigido a todos los fieles el mensaje pastoral “La solidaridad: un deber cristiano y camino para reconstruir la sociedad”, cuya lectura íntegra recomendamos vivamente para comprender las exigencias de la caridad en los tiempos actuales.
“San Alberto Hurtado, canonizado por el Papa Benedicto XVI en 2005, es una de las figuras espirituales más trascendentes del siglo XX en Chile.”

 

 

Tres pilares de un ministerio fecundo

 

La vida y obra de Luis Alberto Hurtado Cruchaga, marcada por su fidelidad al Magisterio y a la Doctrina Social de la Iglesia, se sostiene sobre tres grandes dimensiones que hoy continúan inspirando la labor pastoral de cada Parroquia:

“El amor a Cristo Eucaristía se transformaba, en la vida del Padre Hurtado, en un servicio concreto a los más pobres.”

 

 

  • El Hogar de Cristo: Fundada a finales de 1944, es su obra asistencial más célebre. Tras un encuentro providencial con un enfermo desamparado en la noche santiaguina, el Padre Hurtado movilizó a la sociedad civil para construir hospederías. Es recordado recorriendo las calles en su emblemática camioneta verde, encarnando su famoso lema: “Dar hasta que duela”.
  • Pensamiento Social y Pastoral Sindical: Como abogado por la Pontificia Universidad Católica, denunció tempranamente los abusos laborales. Promovió la justicia fundando la Acción Sindical Chilena (ASICH) y creó en 1951 la Revista Mensaje, un faro de difusión intelectual para aplicar la Doctrina Social de la Iglesia en la vida pública.
  • Guía de la Juventud: Con su carácter magnético y alegre, ejerció como asesor de la Acción Católica Juvenil y profesor, motivando a miles de jóvenes a comprometerse con el servicio a Cristo a través de la superación de la miseria y la construcción de un Chile más equitativo.

 

 

El camino a los altares: Milagros de fe

 

 

La elevación de San Alberto a los altares requirió una rigurosa comprobación científica y teológica por parte de la Santa Sede de dos acontecimientos médicamente inexplicables, frutos de su intercesión:
Primer Milagro (Beatificación, 1994): La sanación súbita en 1990 de María Alicia Cabezas Urrutia, diagnosticada con muerte clínica tras sufrir tres derrames cerebrales masivos. Tras la fervorosa oración de sus familiares pidiendo la intercesión del jesuita, se recuperó sin secuelas, abriendo paso a su beatificación por San Juan Pablo II.
Segundo Milagro (Canonización, 2005): La curación en 1996 de la joven Vivian Marcela Galleguillos Fuentes, desahuciada por un traumatismo encéfalo craneano irreversible tras un accidente. Despertó espontáneamente luego de que su padre dejara una súplica en la tumba del Padre Hurtado, hecho que culminó en la primera canonización del pontificado del Papa Benedicto XVI.

 

 

Un legado intelectual que nos interpela

 

Más allá de su rol asistencial, San Alberto Hurtado fue un lúcido intelectual. En sus escritos, transformó documentos eclesiales complejos en llamados directos a la conciencia de los laicos:
  • ¿Es Chile un país católico? (1941): Una obra que sacudió a la sociedad al denunciar el abandono espiritual y material de las clases obreras.
  • Humanismo Social (1947): Una sólida defensa de la dignidad inalienable de la persona humana frente a las ideologías de la época.
  • Sindicalismo (1950) y El orden social cristiano (1950): Textos fundamentales para instruir sobre equidad económica a la luz de las Encíclicas papales.

 

 

Llamado a nuestra comunidad diocesana

 

En este Día de la Solidaridad, invitamos a todos los fieles de la Diócesis a acudir a su respectiva Parroquia para participar del sacramento de la Eucaristía, fuente y culmen de toda verdadera caridad. Que el Pan de Vida nos fortalezca para ser, como pedía San Alberto, sembradores de optimismo y de alegría.

 

 

Secretaría de Comunicaciones | Obispado de San Bernardo