«No entierren sus talentos»: Mons. Juan Ignacio González confirmó a jóvenes del Instituto Sagrado Corazón de San Bernardo

En la celebración del viernes 30 de octubre, el Obispo de San Bernardo invitó a los confirmandos a preguntarse qué han hecho con los talentos intelectuales y espirituales recibidos en su colegio, y les propuso tres caminos concretos para hacerlos fructificar: la Misa dominical, la oración diaria y el servicio a los más necesitados.


San Bernardo, 30 de octubre de 2026. Con la participación de sus familias, profesores y de toda la comunidad educativa, un grupo de alumnos del Instituto Sagrado Corazón de San Bernardo recibió el sacramento de la Confirmación de manos del Obispo diocesano, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz.

En su homilía, el Pastor tomó como punto de partida la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30) y planteó a los jóvenes una pregunta directa: «¿Qué he hecho con los talentos intelectuales, humanos y espirituales que he recibido durante mis años en el Instituto Sagrado Corazón?». Recordó que, en la parábola, el señor no pregunta cuánto prestigio consiguieron sus servidores, sino qué hicieron con lo que se les confió, porque «Dios nos ha dado mucho, pero también espera mucho de nosotros».

Un colegio que educa la inteligencia y el corazón

Mons. González destacó que los confirmandos han tenido oportunidades que muchos jóvenes de la diócesis y del país no han tenido, y valoró la buena formación académica que reciben. Pero subrayó que el Instituto, fundado en la década de 1950 por la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús —los padres dehonianos—, quiere formar «no solamente la inteligencia, sino también el corazón».

En ese sentido, advirtió que «se puede saber mucho sobre el mundo y conocer muy poco a Jesucristo», y que eso equivaldría a enterrar «uno de los talentos más preciosos que Dios les ha confiado: el talento de la fe». Con cariño y claridad, añadió que no basta con estudiar en un colegio católico, conocer las oraciones o recibir la Confirmación: «La fe exige una respuesta personal. Nadie puede creer por ustedes».

El Espíritu Santo, fuerza para dar fruto

Al explicar el sentido del sacramento, el Obispo señaló que el Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, viene en la Confirmación con una nueva efusión de su gracia, que une más firmemente a Cristo y a la Iglesia y da fuerza para ser testigos del Señor. «El Espíritu Santo no viene a reemplazar su esfuerzo personal. Viene a iluminarlo, fortalecerlo y hacerlo fecundo», afirmó, y recorrió los siete dones como ayuda para usar rectamente los propios talentos.

Evocando el carisma del P. León Dehon, centrado en el amor del Corazón de Cristo, expresó su deseo de que cada alumno salga del colegio «con una inteligencia bien formada, pero también con un corazón semejante al de Jesús», y recordó que ser santo «significa vivir las cosas ordinarias con un amor extraordinario a Dios y a los demás».

Tres compromisos para después de la Confirmación

Retomando las orientaciones pastorales de la Diócesis, el Pastor propuso a los jóvenes un programa de vida:

  • La Misa dominical. «No es una actividad religiosa opcional», sino el encuentro semanal con Jesucristo vivo. Pidió no dejar que el deporte, los compromisos sociales o las diversiones ocupen el lugar de Dios, y recordó a los padres que su ejemplo es decisivo para la perseverancia de sus hijos.
  • Una verdadera vida de oración. «No basta con saber rezar. Hay que rezar». Invitó a dedicar cada día algunos minutos al Señor, leer el Evangelio y no permitir que el teléfono y las redes sociales les quiten la capacidad de silencio interior.
  • El servicio a los más necesitados. Ante la pregunta de para qué quieren su futura profesión y bienestar, afirmó que «la verdadera grandeza de una persona no se mide solamente por lo que consigue para sí misma, sino también por el bien que es capaz de hacer a los demás».

«Señor, no quiero enterrar tus dones»

Al concluir, el Obispo recordó que un día cada uno deberá dar cuenta a Dios de su vida, y que entonces no importarán tanto los títulos o los bienes acumulados como el uso que se dio a la vida, la inteligencia y la fe recibidas. Invitó a los confirmandos a grabar en su corazón una respuesta: «Señor, no quiero enterrar tus dones. Quiero hacerlos fructificar para tu gloria, para mi santificación y para el bien de los demás».

Finalmente, encomendó a los jóvenes a la Santísima Virgen María, Madre del Carmen —en este Año Mariano diocesano del centenario de su Coronación—, para que les enseñe a permanecer fieles a su Hijo.

Texto completo de la Homilía disponible aquí 

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