Presencia de Cristo, centro de la vida de la Iglesia y corazón de la misión
La Solemnidad del Corpus Christi nos invita a contemplar el don más grande que Jesucristo ha dejado a su Iglesia: la Santísima Eucaristía. En la víspera de su Pasión, Jesús tomó eterna y confiando a los Apóstoles y a sus sucesores el mandato de perpetuar este misterio: “Hagan esto en memoria mía” (Le 22,19).
La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia. No es un símbolo ni un simple recuerdo, sino la presencia real de Jesucristo. San Ignacio de Antioquía la llamaba “medicina de inmortalidad y antídoto para no morir” y San Agustín afirmaba: “Nadie come esta carne sin antes adorarla”.
La Eucaristía renueva el único sacrificio de Cristo en la Cruz. San Juan Pablo II enseñó que “la Iglesia vive de la Eucaristía”. Ella fortalece la fe, la esperanza y la caridad y reúne continuamente al Pueblo de Dios en torno a Cristo. De esta certeza nace la devoción eucarística: la adoración al Santísimo Sacramento, las procesiones de Corpus Christi, las visitas al sagrario y las horas santas. Son expresiones de amor hacia Aquel que quiso permanecer con nosotros bajo las especies del pan y del vino.
En este misterio ocupa un lugar esencial el ministerio de los sacerdotes. Cada vez que celebran la Santa Misa actúan en la persona de Cristo, haciendo presente al Señor quiz se ofrece por la salvación del mundo. Toda vida sacerdotal encuentra su centro en el altar, en la celebración de la Eucaristía y en la adoración del Santísimo Sacramento. León XIV, ha recordado toda la auténtica renovación de la Iglesia nace de la contemplación de Cristo presente en la Eucaristía.
La Eucaristía es también fuente de la misión evangelizadora. La comunión con Cristo impulsa al anuncio del Evangelio, al servicio de los pobres y a las obras de misericordia. De ella nacen los santos, las vocaciones y el ardor misionero de la Iglesia.
En esta Solemnidad del Corpus Christi participemos con fervor en la Santa Misa, acompañémoslo en las procesiones y cultivemos la adoración eucarística. Que Maria Santísima nos enseñe a vivir siempre unidos a su Hijo presente en el Sacramento del Altar.
+ Juan Ignacio González Errázuriz
Obispo de San Bernardo


