Monseñor Juan Ignacio González celebró la Santa Misa en el Cementerio Parroquial de San Bernardo

En la Solemnidad de Todos los Santos, el Obispo ofreció la Eucaristía por los difuntos de las familias que visitaron el camposanto. Siete seminaristas acompañaron durante toda la jornada a los fieles con responsos, oraciones y mensajes de esperanza.

San Bernardo, 2 de noviembre de 2026. El domingo 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, Obispo de San Bernardo, presidió a las 12:00 horas la Santa Misa en el Cementerio Parroquial de San Bernardo, con la participación de unos 40 fieles. En ella, el Obispo ofreció el Santo Sacrificio por los difuntos cuyos nombres fueron confiados por sus familias durante la jornada.

Desde temprano y hasta el término del día, siete seminaristas acompañaron a quienes llegaron al cementerio para honrar y rezar por sus seres queridos. Presidieron responsos, guiaron oraciones, compartieron palabras de esperanza evangélica y recogieron la lista de los difuntos que luego fueron encomendados en la Eucaristía.

Una jornada semejante se vivió en los cementerios de Pirque, Huelquén, Paine, Buin y Maipo.

“La muerte es preciosa a los ojos de Dios”

Para el seminarista Santiago Valencia, la homilía del Obispo dio sentido a una fecha que, a primera vista, reúne dos realidades distintas. “Monseñor hoy vino a hablarnos del cielo. Hoy es un día aparentemente paradójico: celebramos con la Iglesia a todos los santos del cielo y, al mismo tiempo, recordamos con todas estas personas a sus fieles difuntos que vienen a visitar hoy”, comentó.

“Pero Monseñor nos da un mensaje que une estos dos grandes momentos: la muerte precisamente tiene sentido cuando consideramos que la verdadera vida está en el cielo, en donde contemplaremos el rostro de Dios. Así que hoy me quedo con ese mensaje: la muerte es preciosa a los ojos de Dios cuando de verdad lo amamos y nos esforzamos por seguir sus enseñanzas”, agregó.

Recordar con amor, rezar con esperanza

Con ocasión de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, que la Iglesia celebra cada 2 de noviembre, el Obispo dirigió un mensaje a la comunidad diocesana. En él recuerda que esta fecha no se agota en visitar los cementerios o llevar flores a las tumbas: “Es, ante todo, un día de fe, de oración, de esperanza y de caridad cristiana”.

Monseñor González señala tres verdades de fe que esta conmemoración expresa: que la muerte no es el final de la existencia, porque Jesucristo la ha vencido con su muerte y resurrección (“Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”, Jn 11,25); que los difuntos que aún necesitan purificación son ayudados por las oraciones de los fieles, especialmente por la Santa Misa (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1030-1032); y que, por la comunión de los santos, el amor cristiano es más fuerte que la muerte.

Recogiendo la enseñanza del segundo libro de los Macabeos y el testimonio de santa Mónica, que pidió a sus hijos ser recordada ante el altar del Señor, el Obispo subraya que la mejor expresión de amor por quienes han partido es ofrecer la Eucaristía por ellos: “Las flores se marchitan, los recuerdos pueden debilitarse, pero la oración, unida al sacrificio de Cristo, tiene un valor espiritual que permanece”.

El mensaje propone gestos concretos para vivir estos días: participar en la Santa Misa, visitar el cementerio con espíritu cristiano, rezar en familia por los difuntos, obtener las indulgencias que ofrece la Iglesia y realizar obras de caridad en su memoria. Invita además a recuperar la costumbre de rezar cada día por los fieles difuntos, sin olvidar a quienes no tienen quién rece por ellos, y a mirar con serenidad la propia muerte: “El cristiano no vive obsesionado con la muerte, sino iluminado por la esperanza de la resurrección”.

“La Iglesia, que es Madre, no abandona a ninguno de sus hijos, ni siquiera después de la muerte”, concluye.

Indulgencia plenaria hasta el 8 de noviembre

Hasta el domingo 8 de noviembre, los fieles pueden obtener una indulgencia plenaria, aplicable solo a las almas del purgatorio, visitando piadosamente un cementerio y rezando por los difuntos. Hoy, 2 de noviembre, también puede obtenerse visitando piadosamente una iglesia u oratorio y rezando allí el Padrenuestro y el Credo.

En ambos casos se requieren las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y desapego de todo pecado, incluso venial.

Fuente: Santiago Valencia, Seminarista | Comunicador Diocesano

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