Recordar con amor, rezar con esperanza y creer en la vida eterna | Mensaje Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

MENSAJE

Día 2 de noviembre: Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

 

Recordar con amor, rezar con esperanza y creer en la vida eterna.

 

 

Cada 2 de noviembre, la Iglesia celebra la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, una jornada dedicada a recordar y rezar por quienes han partido de este mundo. No es solamente un día para visitar los cementerios o llevar flores a las tumbas, sino, ante todo, una celebración de fe, esperanza y caridad cristiana.

  1. ¿Qué celebramos el 2 de noviembre?

El 1 de noviembre celebramos a Todos los Santos, que ya gozan de la presencia de Dios en el cielo. El día 2 rezamos especialmente por quienes, habiendo muerto en amistad con Dios, necesitan todavía purificación antes de entrar en la gloria celestial.

Esta celebración nos recuerda tres grandes verdades de nuestra fe:

  • La muerte no es el final. Jesucristo ha vencido a la muerte con su Resurrección: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá» (Jn 11,25).
  • Nuestros difuntos necesitan nuestras oraciones. Podemos ayudarlos especialmente mediante el Santo Sacrificio de la Misa (Catecismo, nn. 1030-1032).
  • El amor cristiano es más fuerte que la muerte. La comunión de los santos nos mantiene unidos a quienes han partido y nos permite seguir ayudándolos con nuestra oración.
  1. ¿Por qué rezamos por los difuntos?

La Sagrada Escritura enseña que es una obra santa y piadosa orar por quienes han muerto (cf. 2 Mac 12,45-46). San Agustín recuerda que su madre, santa Mónica, antes de morir, pidió a sus hijos una sola cosa: que se acordaran de ella ante el altar del Señor (Confesiones, IX, 11, 27).

            La mejor expresión de nuestro amor por los difuntos es ofrecer la Santa Misa y rezar por el eterno descanso de sus almas. Las flores se marchitan, pero la oración unida al sacrificio de Cristo conserva su valor espiritual.

 

  1. ¿Cómo vivir esta celebración?

La Iglesia nos invita a realizar algunos gestos concretos:

  1. Participar en la Santa Misa, ofreciéndola por nuestros familiares, amigos y por las almas más necesitadas de la misericordia divina.
  2. Visitar el cementerio, no solamente para llevar flores, sino para rezar y recordar con gratitud a quienes allí descansan.
  3. Rezar en familia por los difuntos, enseñando especialmente a los niños a conservar la memoria de sus abuelos y familiares fallecidos.
  4. Obtener las indulgencias de la Iglesia. Del 1 al 8 de noviembre puede obtenerse indulgencia plenaria, aplicable a los difuntos, visitando un cementerio y rezando por ellos. El 2 de noviembre también puede obtenerse visitando una iglesia u oratorio y rezando el Padrenuestro y el Credo. Se requieren las condiciones habituales: confesión, comunión, oración por el Papa y desapego de todo pecado.
  5. Realizar obras de caridad en memoria de nuestros difuntos, ayudando a los pobres, acompañando a quienes sufren y perdonando las ofensas.

 

  1. Pensar también en nuestra propia muerte

Esta conmemoración nos recuerda que también nosotros moriremos algún día. En una sociedad que procura ocultar la muerte, la Iglesia nos invita a mirarla con serenidad y esperanza. Nuestra vida es breve y los bienes materiales son pasajeros. Lo verdaderamente importante es vivir en amistad con Dios, amar al prójimo y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor. El cristiano no vive obsesionado con la muerte, sino iluminado por la esperanza de la resurrección.

 

  1. No olvidemos a quienes ya partieron

Debemos recuperar la hermosa tradición de rezar habitualmente por nuestros difuntos, no solamente en los aniversarios, sino también en la oración diaria, el Rosario y la Santa Misa. Recordemos especialmente a quienes no tienen familiares que recen por ellos, a los difuntos olvidados y a quienes murieron solos. La Iglesia, como Madre, no abandona a ninguno de sus hijos, ni siquiera después de la muerte.

Oración por nuestros difuntos

 Señor Jesús, que venciste la muerte con tu Resurrección, recibe en tu misericordia a nuestros familiares, amigos y bienhechores difuntos. Perdona sus pecados, purifícalos de sus faltas y concédeles la alegría eterna de tu Reino.

Consuela a quienes lloran la muerte de sus seres queridos y fortalece nuestra esperanza en la vida eterna.

 

Que María Santísima, Madre de misericordia, interceda por todos los fieles difuntos.

Amén

+ Juan Ignacio González Errázuriz
Obispo de San Bernardo

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