En la población El Castillo, el Obispo invitó a los confirmandos a ser santos en su barrio con tres orientaciones: la Misa dominical y la adoración, la oración y el servicio a los más necesitados. También hizo un llamado a toda la comunidad a erradicar la violencia de los hogares y de las calles.
La Pintana, 31 de octubre de 2026. El sábado 31 de octubre, en la Misa de la Solemnidad de Todos los Santos, el Obispo de San Bernardo, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, presidió las Confirmaciones en la parroquia El Buen Pastor, en la población El Castillo de La Pintana. Lo acompañaron sacerdotes de la parroquia, los confirmandos con sus familias, padrinos y madrinas, y los catequistas que los prepararon.
El Obispo dijo que la jornada traía “una doble alegría”: la fiesta de Todos los Santos y la Confirmación de los jóvenes. Recordó que los santos “fueron personas de carne y hueso”, que tuvieron que luchar, pedir perdón y volver a empezar. Luego dijo a los presentes: “también ustedes están llamados a ser santos. Aquí, en La Pintana, en sus familias, en sus trabajos, en sus colegios y en su barrio”.
Las Bienaventuranzas en la vida del barrio
Mons. González leyó el Evangelio de las Bienaventuranzas pensando en la vida de la comunidad. Habló de las familias que viven con la incertidumbre del trabajo, de quienes se esfuerzan para llegar a fin de mes y de los vecinos que sufren por la violencia. “El Señor conoce sus esfuerzos. Ve esas lágrimas que a veces nadie ve”, afirmó.
A los confirmandos les explicó que recibirían una fuerza especial del Espíritu Santo que los uniría más a Cristo y los fortalecería para ser sus testigos. Para vivir esa amistad con Jesús les propuso tres orientaciones:
- La Misa dominical y la adoración eucarística, en la capilla de adoración de la parroquia. “Después de esta celebración, sigan viniendo”, les pidió.
- La oración para conocer al Señor: una oración breve al despertar y al terminar el día, la lectura de un pasaje del Evangelio y momentos de oración en familia, como un padrenuestro, una acción de gracias antes de comer o una bendición a los hijos.
- El cuidado de los más necesitados, en el alma y en el cuerpo. Agradeció el trabajo del comedor solidario de la parroquia: “Cada plato servido con cariño dice a quien lo recibe: ‘Hermano, hermana, tu vida nos importa’”. También valoró la labor de los colegios del sector y de quienes educan.
Un llamado a erradicar la violencia
A partir de las palabras “Felices los que trabajan por la paz”, el Obispo hizo un llamado a toda la comunidad: “erradiquemos la violencia de nuestras vidas, de nuestras familias, de la vida social, de nuestras villas y de nuestras calles”. Pidió renunciar a los gritos, los insultos, las amenazas y el maltrato, y cuidar en especial a los niños, las mujeres, las personas mayores y los más indefensos. “Que nadie tenga miedo de volver a su casa”, dijo.
A quienes ejercen violencia les pidió detenerse, buscar ayuda y reparar el daño causado, recordando que la misericordia de Dios ofrece la gracia de una conversión verdadera. A quienes la sufren les aseguró que su vida “tiene dignidad y merece protección” y que pedir ayuda “es un paso valiente”.
Al final, Mons. González encomendó a la Virgen del Carmen la parroquia El Buen Pastor y sus cuatro capillas, en especial a quienes buscan trabajo, a las familias preocupadas y a quienes sufren por la violencia. Cerró la homilía con una oración al Espíritu Santo junto a toda la asamblea.
Homilía completa disponible en la sección Homilías del Obispo.


