Monseñor Juan Ignacio González confirma a 20 fieles en la Parroquia Nuestra Señora de la Misericordia de Lo Herrera

«¿A quién tengo que amar hoy un poco mejor?», preguntó el Obispo a los confirmados al invitarlos a vivir los dos amores que nunca deben separarse: el amor a Dios y el amor al prójimo.

San Bernardo, 25 de octubre de 2026. El sábado 24 de octubre, a las 19:00 horas, el Obispo de San Bernardo, monseñor Juan Ignacio González Errázuriz, presidió la Eucaristía en la Parroquia Nuestra Señora de la Misericordia, en el sector de Lo Herrera. En la celebración, 20 jóvenes y adultos recibieron el sacramento de la Confirmación. Concelebró el párroco, presbítero Matías Pérez Vásquez, y acompañaron a los confirmandos sus padres, padrinos, familias y la comunidad parroquial.

Un mandamiento que es uno solo

En su homilía, el Pastor diocesano comentó el Evangelio de la Eucaristía dominical (Mt 22, 34-40). En él, Jesús responde cuál es el mandamiento más importante con dos mandamientos que «en realidad forman uno solo»: amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a uno mismo. «Hoy ustedes reciben de una manera nueva y especial el don del Espíritu Santo. ¿Para qué? Para poder vivir verdaderamente como cristianos. Y vivir como cristiano significa, ante todo, aprender a amar», expresó.

Monseñor González explicó que amar a Dios «no es solamente decir que creemos en Él», sino darle un lugar verdadero en la propia vida: rezar, participar en la Santa Misa, escuchar su Palabra, acudir a la Confesión y buscar su voluntad. Citando a San Juan, «Quien ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Jn 4, 21), recordó que este amor debe hacerse concreto en el trato con los demás: «descubrir al que está solo, no burlarse del que es distinto, defender al que es maltratado, perdonar, ayudar a quien tiene menos».

La Confirmación como misión

El Obispo subrayó que la Confirmación «no es simplemente recibir un sacramento y continuar exactamente igual. Es aceptar una misión». Recordó a los confirmandos los dones del Espíritu Santo, como la sabiduría para elegir bien, el consejo para saber qué camino tomar, la fortaleza para defender la fe y la piedad para tratar a Dios como Padre. También los preparó para las dificultades que vendrán: ambientes donde «resulte más cómodo callarse», compañeros que no comprendan su fe y la tentación de «hacer lo que todos hacen». «Precisamente para esos momentos reciben hoy la fortaleza del Espíritu Santo», afirmó.

Al concluir, dirigiéndose especialmente a los jóvenes, les propuso una pregunta sencilla para cada día: «¿A quién tengo que amar hoy un poco mejor? Tal vez a tus padres. A un hermano. A un amigo. A alguien que te cuesta. A una persona necesitada. Allí comienza una vida cristiana verdadera». Encomendó a los confirmados a la Virgen María, «que amó a Dios con todo su corazón y estuvo siempre atenta a las necesidades de los demás».

Compartir fraterno

Terminada la celebración, monseñor Juan Ignacio compartió fraternalmente con los recién confirmados, sus familiares y los fieles de la parroquia.

Galería de Fotos: Cortesía de Evelyn

Texto de la Homilía de Monseñor Juan Ignacio González