Homilía en la celebración del Sacramento de la Confirmación Parroquia de los Santos Ángeles Custodios de Buin.

Homilía en la celebración del Sacramento de la Confirmación

Parroquia de los Santos Ángeles Custodios de Buin.

23 de octubre de 2026

Evangelio: Juan 14, 15-21

Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes y adultos que hoy recibirán el Sacramento de la Confirmación:

En el Evangelio que acabamos de escuchar, Jesús nos hace una promesa extraordinaria: «Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes» (Jn 14,16).

Estas palabras nos revelan una de las verdades más consoladoras de nuestra fe: Dios nunca nos deja solos. El Espíritu Santo nos acompaña, nos ilumina, nos fortalece y nos conduce por el camino de la salvación.

Quisiera que hoy nos quedáramos con tres enseñanzas.

 

  1. El Espíritu Santo vive en nuestra alma

 

Jesús dice: «Él permanece con ustedes y estará en ustedes» (Jn 14,17).

El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal ni una simple inspiración. Es Dios, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que viene a habitar en nuestra alma.

Desde nuestro Bautismo hemos recibido el don del Espíritu Santo. Hoy, mediante la Confirmación, ese don bautismal se fortalece y perfecciona. Serán marcados con un sello espiritual indeleble, que los une más firmemente a Cristo y a su Iglesia.

¡Qué maravilla pensar que Dios quiere vivir dentro de nosotros!

San Pablo nos recuerda: «¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?» (1 Co 3,16).

Por eso, queridos confirmandos, nunca piensen que están solos. En las alegrías y dificultades, en la juventud y en la madurez, en la enfermedad, en el trabajo, en la familia y en los momentos de incertidumbre, Dios está cerca de ustedes.

 

  1. ¿Qué hace el Espíritu Santo en nuestra alma?

 

El Espíritu Santo realiza una obra silenciosa, pero extraordinaria.

Ilumina nuestra inteligencia, para que podamos conocer la verdad, distinguir el bien del mal y comprender mejor las enseñanzas de Jesucristo.

Fortalece nuestra voluntad, para que tengamos el valor de hacer el bien, resistir las tentaciones, superar nuestros defectos y permanecer fieles a Dios, incluso cuando cuesta.

Enciende en nosotros el amor a Dios y al prójimo. Nos enseña a perdonar, a servir, a tener paciencia, a preocuparnos por los pobres y a vivir la caridad.

Nos mueve a la oración. Muchas veces no sabemos cómo rezar, pero el Espíritu Santo nos impulsa a levantar el corazón hacia Dios. Como enseña san Pablo: «El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8,26).

 

También nos da sus siete dones: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

 

Queridos hermanos, el Espíritu Santo no actúa habitualmente haciendo cosas extraordinarias y visibles. Muchas veces su presencia se manifiesta en algo tan sencillo como una buena decisión, el arrepentimiento de un pecado, el deseo de confesarse, la valentía para defender la verdad o la generosidad para ayudar a alguien.

Es Dios que trabaja silenciosamente en nuestra alma para hacernos semejantes a Jesucristo.

 

  1. ¿Qué debemos hacer para que el Espíritu Santo permanezca en nosotros?

 

Jesús nos da la respuesta al comienzo del Evangelio: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos» (Jn 14,15).

El Espíritu Santo quiere permanecer en nosotros, pero debemos corresponder libremente a su amor.

¿Cómo hacerlo?

En primer lugar, evitando el pecado, especialmente el pecado grave, que destruye la vida de la gracia en nuestra alma. Aunque el pecado mortal nos hace perder la gracia santificante, no borra el sello de la Confirmación. Dios sigue llamándonos a volver a Él.

En segundo lugar, acudiendo frecuentemente a los sacramentos, especialmente a la Confesión y a la Eucaristía. La Santa Misa dominical debe ocupar un lugar central en la vida de todo confirmado. Allí nos encontramos con Jesucristo, que se ofrece por nuestra salvación y nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre.

En tercer lugar, cultivando la oración diaria. No podemos escuchar al Espíritu Santo si vivimos permanentemente distraídos, sin dedicarle tiempo a Dios.

 

Y, finalmente, dejándonos conducir por sus inspiraciones. Cuando nuestra conciencia, iluminada por la fe, nos invita a hacer el bien, a reconciliarnos con alguien, a ayudar a un necesitado o a abandonar una mala costumbre, debemos responder con generosidad.

San Pablo nos advierte: «No entristezcan al Espíritu Santo de Dios» (Ef 4,30). Y también nos exhorta: «No apaguen el Espíritu» (1 Ts 5,19).

 

La Conclusión es que nunca estamos solos

 

Queridos jóvenes y adultos:

 

Hoy recibirán la unción con el Santo Crisma y escucharán estas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo».

Quisiera que recordaran siempre esta verdad: desde hoy tendrán una nueva responsabilidad de vivir como discípulos y testigos de Jesucristo.

Esta parroquia lleva el hermoso nombre de los Santos Ángeles Custodios, que nos recuerda que Dios, en su providencia, nos cuida y acompaña también mediante sus santos ángeles. Pero hoy celebramos algo todavía más profundo: el mismo Espíritu de Dios quiere habitar en el corazón de cada uno de ustedes.

Cuando tengan que tomar decisiones difíciles, invoquen al Espíritu Santo. Cuando sientan miedo, pídanle fortaleza. Cuando estén confundidos, pídanle luz. Cuando hayan pecado, déjense conducir por Él hacia la misericordia de Dios.

Y cuando les cueste amar, perdonar o perseverar, recuerden que no dependen solamente de sus propias fuerzas.

Nunca estamos solos. Dios está con nosotros. El Espíritu Santo vive en nuestra alma y quiere conducirnos hasta la vida eterna.

Que la Santísima Virgen María, llena del Espíritu Santo, les enseñe a escuchar su voz y a responder siempre con generosidad a la voluntad de Dios.

 

Amén.