Iniciamos el mes de octubre, un tiempo que la Iglesia universal dedica tradicionalmente al rezo del Santo Rosario. Este año 2026, nuestra vivencia de este mes adquiere un sentido aún más profundo, pues nos encontramos celebrando nuestro Año Mariano Diocesano, en conmemoración del Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen como Reina y Madre de Chile.
Como nos ha recordado nuestro Obispo, don Juan Ignacio González, a lo largo de sus veintitrés años de pastoreo entre nosotros: “Por María vamos a Cristo y, de la mano de María, Chile debe volver a Cristo”. En este espíritu de comunión eclesial y filial devoción, la Secretaría de Comunicaciones ha preparado este especial para ayudar a todas las familias de nuestras comunas —San Bernardo, El Bosque, La Pintana, Pirque, Buin, Paine y Calera de Tango— a redescubrir y rezar esta oración que transforma nuestra vida cotidiana.
Por su parte, el santo Padre León XIV, en su reciente visita a Francia, señaló: “Invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto ¡que nuestra madre santísima interceda por nosotros!”.
¿Cuál fue su origen?

El origen del Rosario se remonta a los primeros siglos de la Iglesia, cuando los monjes rezaban los 150 salmos del Antiguo Testamento. Como muchos fieles laicos no sabían leer, comenzaron a sustituir los salmos por 150 Avemarías, divididas en grupos de diez (decenas). A esta práctica se le conoció como el “Salterio de la Virgen”.
La tradición nos enseña que en el año 1214 la Santísima Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán, le entregó el Rosario tal como lo conocemos en su estructura esencial y le pidió que lo propagara para la conversión de las almas y la paz del mundo. Más tarde, tras la victoria en la Batalla de Lepanto (el 7 de octubre de 1571), atribuida a la intercesión de la Virgen a través del rezo del Rosario por toda la cristiandad, el Papa San Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias, hoy conocida como Nuestra Señora del Rosario, consolidando octubre como su mes.
¿En qué consiste el Rosario?
El Santo Rosario no es la simple repetición mecánica de oraciones, sino, ante todo, una oración contemplativa. Como enseñaba el Papa San Juan Pablo II, el Rosario es el “compendio de todo el Evangelio”.
Consiste en meditar los principales misterios (acontecimientos) de la vida de Jesucristo y de su Santísima Madre, mientras vocalmente rezamos el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria. Al rezarlo, permitimos que María nos tome de la mano y nos preste sus propios ojos y su corazón para contemplar el rostro de su Hijo en sus momentos de gozo, de luz, de dolor y de gloria.
Es una devoción que, en su sobriedad y sencillez, nos educa en la fe, nos protege frente a las tentaciones y nos une como familia. “Una familia que reza unida, permanece unida”, es una verdad que vemos reflejada en tantos hogares de nuestra diócesis que se congregan por las tardes en torno a esta devoción.
¿Cómo rezarlo?

- Señal de la Cruz: Comenzamos santiguándonos: “En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén”.
- Acto de Contrición o Credo: Pedimos perdón por nuestros pecados rezando el Pésame (o Señor mío Jesucristo) para preparar el corazón, o rezamos el Credo de los Apóstoles como profesión de nuestra fe católica.
- Enunciar el Misterio: Según el día de la semana, anunciamos el misterio de la vida de Cristo que vamos a meditar:
- Gozosos (Lunes y Sábados): La encarnación y la infancia de Jesús.
- Luminosos (Jueves): La vida pública del Señor.
- Dolorosos (Martes y Viernes): La pasión y muerte de Cristo.
- Gloriosos (Miércoles y Domingos): La resurrección y la gloria del Señor y de María.
- Rezo de la decena: Por cada misterio, se reza:
- Un Padrenuestro (enseñado por el mismo Jesús).
- Diez Avemarías (saludando a la Virgen con las palabras del Ángel y de Santa Isabel).
- Un Gloria (alabanza a la Santísima Trinidad).
- Jaculatoria (opcional pero recomendada): “Oh mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.
- Conclusión: Tras meditar los cinco misterios del día, es tradición rezar tres Avemarías por las intenciones del Santo Padre el Papa León XIV, culminando con el rezo de la Salve Regina (“Dios te salve, Reina y Madre…”) y, si se desea, las Letanías Lauretanas.
Un consejo para el camino:
Para facilitar la meditación y el rezo diario, les recordamos que pueden descargar y utilizar nuestra App móvil “Orar con Jesús” (disponible para Android e iOS), la cual contiene una guía paso a paso del Santo Rosario y múltiples recursos espirituales preparados por el Obispado.
Que la Virgen del Carmen, Patrona de nuestra patria y a quien con devoción recordamos en este centenario de su coronación, extienda su escapulario sobre cada uno de nosotros. Hagamos el propósito de tomar el Rosario en nuestras manos todos los días de este mes; descubriremos que la gracia, la paz y la sobriedad cristiana comenzarán a reinar en nuestros hogares.

