San Bernardo, 30 de agosto de 2026. – Con una solemne Eucaristía celebrada este sábado 29 de agosto en la Parroquia Nuestra Señora de la Misericordia, en la localidad de Lo Herrera, el Obispo de la Diócesis de San Bernardo, Monseñor Juan Ignacio González, despidió al grupo de misioneros provenientes de la Diócesis de Getafe (España), quienes concluyeron quince días de fecunda labor evangelizadora en nuestra comunidad diocesana.
Durante la homilía, fundamentada en el Evangelio de San Mateo (Mt 16, 21-27), nuestro Pastor Diocesano dirigió palabras de profundo agradecimiento y exigencia evangélica a los jóvenes españoles. Monseñor destacó que la esencia del ser misionero radica en “salir de uno mismo”, valorando el sacrificio de haber dejado temporalmente sus familias, estudios y comodidades para cruzar el océano y servir pastoralmente en esta Parroquia. Asimismo, el Obispo recordó la inmensa labor histórica que une a España con Chile en la transmisión de la fe, enfatizando que los jóvenes forman parte de una nueva etapa en esta historia misionera, unidos por el deseo de anunciar a Jesucristo y fomentar la comunión eclesial.
Reflexionando sobre el llamado del Señor a tomar la cruz, Monseñor González reconoció que la misión pastoral conlleva no solo momentos de profunda alegría y encuentro con las familias, niños y jóvenes de Lo Herrera, sino también cansancio e inevitables dificultades. “Jesús nunca dijo: «El que quiera seguirme tendrá una vida cómoda». Dijo: «Que cargue con su cruz y me siga»”, recordó el Obispo, precisando con esperanza que la cruz cristiana jamás se lleva en soledad, pues Cristo siempre marcha delante. Animó a los presentes recordando que siempre “vale la pena cansarse por Cristo” y desgastar el tiempo por la salvación de las almas.
En una dimensión profundamente pastoral, Monseñor exhortó a los jóvenes a comprender que el mandato misionero no termina al abordar el avión de regreso a Getafe. Por el contrario, les recordó que la verdadera prueba del discípulo está en vivir el Evangelio todos los días en sus propias realidades: en sus familias, entre sus amistades, en el ámbito universitario o laboral, y en sus respectivas parroquias de origen.
Aprovechando este momento de gracia, el Obispo invitó a los jóvenes a realizar un valiente discernimiento vocacional en su oración ante el Santísimo Sacramento. Los instó a preguntarle al Señor sin temor: “Señor, ¿qué quieres hacer con mi vida?”, abriendo sus corazones a la posibilidad de un llamado al sacerdocio, a la vida consagrada, o bien a la vocación al matrimonio para formar una familia verdaderamente cristiana al servicio de la Iglesia.
Finalmente, Monseñor Juan Ignacio González encomendó el viaje de regreso de los misioneros a la protección maternal de la Santísima Virgen María, pidiendo que Ella, que salió de sí misma para servir, los acompañe siempre. “Que se lleven un poco de nuestra Iglesia de San Bernardo en el corazón”, concluyó el Obispo, agradeciendo a nombre de toda la Diócesis la juventud, el entusiasmo y el generoso testimonio de fe de estos misioneros que han confirmado con su presencia que entregar la vida por Cristo merece, siempre, la pena.


