Bajo su Manto Protector: 16 Años de la Consagración de la Diócesis a la Virgen del Carmen

16 Años de la Consagración de la Diócesis a la Virgen del Carmen

 

Catedral San Bernardo

Catedral San Bernardo

El sábado 8 de agosto, nuestra Iglesia particular de San Bernardo conmemora con profunda gratitud un hito espiritual que marcó a fuego nuestro caminar pastoral: el decimosexto aniversario de la Consagración de la Diócesis a la Santísima Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile.

Aquel domingo 8 de agosto de 2010, en un solemne acto de comunión eclesial, nuestro Obispo, Monseñor Juan Ignacio González Errázuriz, puso bajo la protección maternal de la Virgen a todas las familias, parroquias, comunidades, clero y vida consagrada que peregrinan en las comunas de San Bernardo, El Bosque, La Pintana, Pirque, Buin, Paine y Calera de Tango.

Un acto de fe y comunión eclesial

La consagración de una Diócesis a la Madre de Dios no es un acto meramente simbólico ni un recuerdo que deba quedar archivado en los registros históricos. Desde la perspectiva del Magisterio de la Iglesia, consagrarse a María significa renovar, de manera consciente y libre, nuestro compromiso bautismal por medio de Aquella que es modelo perfecto de la fe. Como recordaba nuestro Pastor en aquella ocasión, la entrega de nuestra labor apostólica a la Virgen del Carmen tuvo por fin único conducirnos más directamente a Su Divino Hijo, bajo el principio teológico y pastoral: “Por María vamos a Cristo y con María volvemos a Cristo”.

En momentos en que la Patria y la Iglesia enfrentaban —y continúan enfrentando— grandes desafíos, aquella consagración de 2010 fue un refugio seguro. Al entregar nuestra Diócesis a la Virgen del Carmen, reconocimos que todo esfuerzo pastoral, toda iniciativa evangelizadora y toda la administración de los sacramentos —especialmente la celebración de la Sagrada Eucaristía— dan frutos abundantes cuando están sostenidos por la oración y la intercesión de la Madre de la Iglesia.

Un aniversario a la luz del Año Mariano Diocesano

Este decimosexto aniversario de la consagración adquiere hoy, en 2026, una resonancia providencial. Nos encontramos viviendo con gozo el Año Mariano Diocesano, convocado por nuestro Obispo con ocasión del inminente Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen como Patrona de la República de Chile (acontecimiento histórico del 19 de diciembre de 1926).

Celebrar los 16 años de nuestra consagración diocesana nos prepara espiritualmente para este jubileo nacional. Nos invita a mirar nuestra propia vida y la de nuestras parroquias para preguntarnos, con docilidad al Espíritu Santo, si la Virgen María ocupa verdaderamente el lugar central que le corresponde en nuestra piedad personal y comunitaria.

Renovar la entrega en la vida cotidiana

La herencia de aquel 8 de agosto de 2010 nos exige un compromiso actual. El Obispado de San Bernardo invita a todos los fieles a renovar esta consagración en la intimidad de sus hogares y en sus respectivas comunidades parroquiales.

Para que este acto histórico siga dando frutos de santidad, proponemos vivirlo a través de acciones concretas y profundamente arraigadas en la Tradición de la Iglesia:

  1. La participación piadosa en la Eucaristía dominical, centro y culmen de nuestra fe, unidos a la Madre que estuvo de pie junto a la Cruz.

  2. El rezo del Santo Rosario en familia, meditando los misterios de la vida del Señor junto a María.

  3. El uso devoto del Escapulario del Carmen, no como un amuleto, sino como signo visible de nuestra pertenencia a Ella y de nuestro compromiso con una vida cristiana coherente.

Que este nuevo aniversario de la consagración diocesana sea un renovado impulso misionero para nuestra Iglesia. Como oramos incesantemente en nuestra Diócesis:

¡Oh Madre del Carmelo!, abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile y a nuestra Diócesis de San Bernardo.

Secretaría de Comunicaciones | Obispado de San Bernardo


CONSAGRACIÓN DE LA DIÓCESIS DE SAN BERNARDO
A LA VIRGEN DEL CARMEN

 Santuario Virgen del Cerro Chena
domingo 8 de agosto de 2010

 

  1. Te bendecimos, ¡oh Dios nuestro!, Padre, Hijo y Espíritu
    Santo, porque elegiste a María, desde antes de la creación del mundo, para ser santa e inmaculada ante Ti por el amor.
    En previsión de los méritos de Cristo, la redimiste y constituiste Madre del mismo Redentor. Por virtud del Espíritu Santo hiciste de Ella para siempre templo de tu gloria, una nueva criatura, primicia de la nueva humanidad.
    ¡Bendito seas por siempre, Señor!
  2. ¡Bendita Tú entre las mujeres, Virgen María, y bendito el fruto de tu seno, Jesús! En Ti, la llena de gracia, se refleja la bondad de Dios y el destino de la criatura humana, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos enriqueció en su Hijo muy amado, que es nuestro Hermano e Hijo tuyo, Jesucristo.
    Tú, la humilde sierva del Señor, eres el modelo de los discípulos de Cristo que consagran su vida a realizar la voluntad del Padre para la venida de su reino.
  1. ¡Santa María, Madre de Cristo, Madre de Dios y Madre nuestra! Bajo tu amparo nos acogemos, a tu intercesión maternal nos confiamos.
    Como Tú te consagraste totalmente a Dios, nosotros, siguiendo tu ejemplo y en comunión contigo, nos consagramos a Cristo el Señor; nos consagramos también a Ti, nuestro modelo, porque queremos hacer en todo la voluntad del Padre,  y ser como Tú, fieles a las inspiraciones del Espíritu.
  1. ¡Virgen del Carmen,  Reina y Patrona del pueblo chileno! A tu corazón de Madre encomiendo esta porción de la Iglesia, nuestra Diócesis de San Bernardo y todos los habitantes de las diversas comunas que la componen: nuestros sacerdotes, religiosos, religiosas y misioneros, como también a cada uno de los fieles e instituciones religiosas, civiles, y fuerzas armadas; especialmente a los niños, ancianos, enfermos y pobres. Que bajo tu protección maternal, nuestra Diócesis sea una familia unida en la fe, la esperanza y el amor en Cristo Jesús Nuestro Señor.
    Tú que eres la Madre de la Vida verdadera, enséñanos a ser testigos del Dios vivo, del amor que es más fuerte que la muerte, del perdón que disculpa las ofensas, de la esperanza que mira hacia el futuro para construir, con la fuerza del Evangelio, la civilización del amor en ésta Diócesis de San Bernardo.
  1. ¡Santa María de la Esperanza, Virgen del Carmen y Madre de Chile! Extiende tu escapulario, como manto de protección, sobre las ciudades y los pueblos, sobre la cordillera y el mar, sobre hombres y mujeres, jóvenes y niños, ancianos y enfermos, huérfanos y afligidos, sobre los hijos fieles y sobre las ovejas descarriadas, y particularmente sobre esta Diócesis, que gimiendo y llorando clama a Ti, Madre del Dios por quien se vive, para que tus ojos misericordiosos no dejen de posarse sobre nosotros que hoy nos consagramos a Ti, reconociéndote una vez más como Madre, como Reina y como abogada ante el trono de Dios. Tú, que en cada hogar de nuestra Diócesis tienes un altar familiar, que en cada corazón chileno tienes un altar vivo, acoge la plegaria de ésta porción del pueblo de Dios, que ahora, con su Obispo, de nuevo se consagra a Ti.
    Estrella de los mares y Faro de luz, consuelo seguro para el pueblo peregrino, guía los pasos de nuestra Diócesis de San Bernardo en su peregrinar terreno,  para que recorra siempre senderos de paz y de concordia,  caminos de Evangelio, de progreso, de justicia y libertad.  Reconcilia a los hermanos en un abrazo fraterno;  que desaparezcan los odios y los rencores,  que se superen las divisiones y las barreras,  que se unan las rupturas y sanen las heridas.  Haz que Cristo sea nuestra Paz,  que su perdón renueve los corazones,  que su Palabra sea esperanza y fermento en la sociedad.
  1. ¡Madre de la Iglesia y de todos los hombres! Inspira y conserva la fidelidad a Cristo en nuestra Diócesis de San Bernardo y en toda nuestra Patria chilena. Mantén viva la unidad de la Iglesia bajo la cruz de tu Hijo. Haz que los hombres de todos los pueblos, reconozcan su mismo origen y su idéntico destino, se respeten y amen como hijos del mismo Padre, en Cristo Jesús, nuestro único Salvador, en el Espíritu Santo que renueva la faz de la tierra, para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad. Amén.