Durante su homilía, el Obispo diocesano invitó a los fieles a vencer el individualismo contemporáneo, a discernir las verdaderas espiritualidades y a contemplar el mundo con los ojos compasivos de Cristo, recordando el profundo espíritu ignaciano.
Calera de Tango.- Al mediodía de domingo recién pasado, la comunidad local se congregó con profunda alegría y devoción en la Iglesia del Convento Jesuita de Calera de Tango para celebrar la fiesta patronal en honor a San Ignacio de Loyola. La solemne Santa Eucaristía fue presidida por nuestro Obispo diocesano, Monseñor Juan Ignacio González, y concelebrada por el padre José Juan Vergara, SJ.

A la luz del Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces (Mateo 14, 13-21), Monseñor Juan Ignacio centró su homilía en el hambre espiritual que padece el hombre contemporáneo y en el deber de la Iglesia de salir a su encuentro. “El hombre moderno puede decir que no necesita a Dios, pero continúa teniendo hambre de infinito”, señaló el Pastor diocesano, recordando que, a semejanza de lo que descubrió San Ignacio durante su convalecencia, la primera actitud de los cristianos ante un mundo alejado de la fe no puede ser el desprecio, sino la infinita compasión del Corazón de Cristo.
Haciendo eco del llamado de Jesús a los discípulos -“Denles ustedes de comer“-, el Obispo animó a la comunidad a no resignarse ante la cultura secularizada, recordando el propósito fundacional de la Compañía de Jesús: buscar el magis y actuar siempre Ad maiorem Dei gloriam (para la mayor gloria de Dios). En este sentido, advirtió que el gran combate espiritual de hoy es dejar de ponerse a uno mismo en el centro. “Esta es la gran conversión que necesita nuestro tiempo: pasar de una vida centrada en el propio deseo a una vida centrada en la gloria de Dios“, exhortó, invitando a los presentes a entregar a Cristo sus “cinco panes y dos peces” para que Él pueda multiplicar sus frutos en la sociedad.
Asimismo, Monseñor Juan Ignacio hizo un llamado pastoral a discernir con sabiduría los espíritus frente a la proliferación de corrientes modernas que proponen una sanación sin Dios. Recordó que una espiritualidad auténticamente cristiana no busca el mero bienestar emocional o encerrar a la persona en sí misma, sino que conduce irremediablemente a la humildad, la caridad, la comunión eclesial y el servicio desinteresado hacia los demás.
Hacia el final de su reflexión, y en el marco del Año Mariano que vive nuestra Diócesis por el Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen, el Obispo presentó a la Madre de Chile como el modelo perfecto de entrega frente al individualismo. “En un Chile tentado por el individualismo, la fragmentación y el olvido de Dios, María nos enseña nuevamente a entregar nuestros cinco panes y dos peces”, afirmó, instando a los fieles a confiarle sus familias, trabajos y la historia de nuestra Patria.
Tras la finalización de la Santa Misa y la bendición final, el Obispo, el clero concelebrante y toda la comunidad presente participaron de un sencillo y alegre compartir fraterno. Este encuentro permitió estrechar los vínculos de comunión eclesial, dando un hermoso cierre a la festividad del santo patrono que tanto ha marcado la vida espiritual de Calera de Tango.


