A través de una carta de hondo carácter paterno dirigida a su Superior General, el Pontífice hace un ferviente llamado al entendimiento, advierte sobre las graves consecuencias de un acto cismático para los fieles y reitera la permanente disposición de la Iglesia al diálogo.
SAN BERNARDO, 30 de junio de 2026.- Con ocasión de la reciente Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, el Papa León XIV ha enviado una carta personal al Reverendo Padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). En el documento, emanado oficialmente desde la Santa Sede, el Sucesor de Pedro expresa con nitidez y afecto cristiano su profunda preocupación por la unidad de la Iglesia, exhortando formalmente a los miembros de dicha institución a deponer cualquier iniciativa que signifique una ruptura con la Sede Apostólica.
Con un marcado espíritu pastoral, el Santo Padre comienza reconociendo explícitamente los elementos positivos presentes en la vida de la Fraternidad, señalando que «la Iglesia reconoce la adhesión a la vida litúrgica, el compromiso en la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades afines». Estos factores, según recuerda la misiva, han sido históricamente el fundamento por el cual sus Predecesores mantuvieron de manera constante una actitud de atención y benevolencia hacia ellos.
Un llamado por el bien espiritual de las almas
No obstante, ante la gravedad de las circunstancias actuales, el Papa León XIV formula una petición directa y apremiante: «¡Den marcha atrás!». Su Santidad apela a la responsabilidad de la dirigencia de la Fraternidad, instándoles a ponderar con máxima prudencia el bien espiritual de los fieles. En este sentido, advierte con precisión jurídica y teológica que la consumación de un «acto cismático» acarrearía un daño severo para las almas vinculadas a sus comunidades, al privarlas de la recepción lícita —y, en determinados casos, incluso válida— de los Sacramentos que buscan para su propia santificación.
El Vicario de Cristo enfatiza las implicancias teológicas de una fractura de esta naturaleza, recordando que «desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad», por lo que eleva sus plegarias para que el Señor ilumine las conciencias y mueva los corazones de los miembros de la Fraternidad.
Disposición permanente al diálogo
Fiel a la naturaleza de comunión que define el caminar de la Iglesia Universal, el Romano Pontífice reafirma que las vías para el entendimiento permanecen abiertas si existe docilidad al Espíritu Santo: «La Iglesia está dispuesta a un camino de diálogo y entendimiento que el Espíritu Santo puede hacer posible y fecundo». La carta concluye señalando que, por la autoridad recibida de Jesucristo, el Papa asume el deber de solicitarles que desistan de su intento, confiando estas intenciones al Corazón Inmaculado de María, Madre del Buen Consejo.
La Iglesia de San Bernardo, en estrecha comunión con el Sucesor de Pedro y acogiendo las orientaciones de nuestro Obispo, Monseñor Juan Ignacio González Errázuriz, invita a todas las parroquias, movimientos pastorales y comunidades de nuestra jurisdicción a unirse en oración ferviente por esta intención. Pedimos a la Santísima Virgen que custodie la unidad de la Iglesia y asista a todos los bautizados en la fidelidad al Evangelio.


