Sobriedad y solidaridad en tiempos de crisis

La reciente guerra en Medio Oriente ha provocado un aumento explosivo en el precio del petróleo a nivel internacional. Como consecuencia directa, los costos de los combustibles han subido en todo el mundo, y Chile no ha sido la excepción. Esta alza ha impactado con rapidez en la vida cotidiana de las personas, elevando gastos que hace poco tiempo no parecían previsibles y son esenciales y no sabemos cuando las cosas se restablecerán a su normalidad o si la crisis irá en aumento.

A diferencia de otras ocasiones, hoy los recursos públicos para amortiguar estas alzas son limitados. Esto significa que el ajuste no puede ser absorbido únicamente por el Estado y sus instituciones, sino que, en buena medida, recae sobre las personas, familias, trabajadores y empresarios pequeños o grandes. Nos enfrentamos, por tanto, a una realidad que exige responsabilidad compartida y decisiones prudentes. En este contexto, se vuelve necesario que cada persona y cada familia revisen sus hábitos de consumo y que se bajen las expectativas de ganancias justas más sustanciales en los negocios.  Es una ocasión propicia para preguntarse, con sinceridad, cuántos gastos de más realizamos habitualmente y cuántos ahorros podríamos alcanzar si adoptáramos una visión menos consumista y más solidaria, cuantas utilidades quiero conseguir. Como enseñó Benedicto XVI, una sociedad sin verdad y caridad reduce todo a lo utilitario, y advierte del riesgo de una cultura donde los bienes y el consumo sustituyen el sentido verdadero de la vida y la ganancia se alzan como un ideario siempre mas exigente.

Muchos gastos que hemos considerado normales pueden ser postergables o incluso prescindibles. Este ejercicio, lejos de ser solo una imposición externa, puede transformarse en una oportunidad para redescubrir un estilo de vida más sobrio, consciente y fraterno, y en el fondo fundado en la Caridad.

Al mismo tiempo, esta situación interpela a las autoridades en todos sus niveles. Desde el gobierno central hasta los municipios, se hace urgente fortalecer las ayudas dirigidas a los más vulnerables, quienes son siempre los primeros en sufrir los efectos de las crisis económicas. La equidad en la distribución de los esfuerzos es clave para mantener la cohesión social.

Pero no todo depende de decisiones institucionales. También es un llamado a la solidaridad concreta entre los ciudadanos. Compartir el transporte, privilegiar el uso del sistema público, que ha mantenido sus costos, organizarse en comunidad y evitar gastos innecesarios son formas simples, pero eficaces, de enfrentar juntos este momento. Son gestos que, multiplicados, pueden generar un impacto real que aminora los efectos de la crisis.

En el fondo, esta coyuntura pone a prueba el temple de nuestra sociedad, donde los principios esenciales son la caridad y la solidaridad. Es un motivo para fundar el futuro en una esperanza verdadera. Nos recuerda otros momentos de nuestra historia en que fue necesario “apretarse el cinturón” y actuar con sentido de bien común. Si asumimos este desafío con responsabilidad, sobriedad y espíritu solidario, no sólo podremos enfrentar mejor las dificultades actuales, sino también fortalecer los lazos que sostienen nuestra vida como nación. San Gregorio Magno escribió “Las adversidades de este mundo son como medicinas: aunque amargas, devuelven la salud del alma”.

 

+Juan Ignacio González Errázuriz

Obispo de San Bernardo