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Ángelus: gracias a Dios se puede siempre recomenzar

papaEn el tercer domingo de Adviento,o “domingo Gaudete”, de la alegría, porque se acerca la Navidad y el Señor está cerca, el Santo Padre se ha asomado a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con las personas reunidas en una lluviosa Plaza de San Pedro, reafirmando que el Evangelio es “un anuncio de alegría para todo el pueblo” y que “la Iglesia no es un refugio para personas tristes”. “La Iglesia -ha dicho- es la casa de la alegría! Y aquellos que están tristes, encuentran en ella la verdadera alegría”.

No se trata, sin embargo, de una alegría cualquiera porque “encuentra su razón en el saberse acogidos y amados por Dios… Dios es el que viene a salvarnos y presta socorro especialmente a los descorazonados. Su venida entre nosotros nos fortalece, nos hace firmes y valerosos… hace florecer el desierto y la estepa, es decir, nuestra vida cuando se vuelve árida. ¿Y cuándo se vuelve árida nuestra vida? Cuando le falta el agua de la Palabra de Dios y de su Espíritu de amor. Por grandes que sean nuestros límites y nuestro desaliento, no podemos ser débiles y vacilantes ni ante las dificultades ni ante nuestras debilidades. Al contrario, se nos invita a robustecer nuestras manos, a afianzar nuestras rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia y nos da la fuerza para ir adelante. … ¡Es un Dios que nos quiere tanto, nos ama, y por eso está con nosotros, para ayudarnos, para fortalecernos, e ir adelante! ¡Coraje, siempre adelante!”.

Francisco ha reiterado que gracias a la ayuda de Dios, siempre se puede empezar de nuevo, aunque alguno piense que es imposible “¡Te equivocas! – ha exclamado- ¡Tú puedes recomenzar de nuevo! ¡Porque Él te espera… es misericordioso” y todos “podemos volver a abrir los ojos, superar la tristeza y el llanto, y cantar un canto nuevo..Y esta alegría verdadera permanece siempre también en la prueba, incluso en el sufrimiento, porque no es superficial: llega a lo más profundo de la persona que se confía a Dios”.

La alegría cristiana, como la esperanza, “tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, en la certeza de que Él mantiene siempre sus promesas…Todos los que han encontrado a Jesús, a lo largo del camino, sienten en sus corazones una serenidad y una alegría, que nada ni nadie podrá arrebatarles. Nuestra alegría es Cristo, su amor fiel e inagotable! Por lo tanto, cuando un cristiano se vuelve triste, quiere decir que se ha alejado de Jesús. ¡Y entonces no hay que dejarlo solo! Tenemos que rezar por él y hacerle sentir el calor de la comunidad”.

“Que la Virgen María -ha concluido- nos ayude a ir más aprisa hacia Belén para encontrar al Niño que ha nacido por nosotros, para la salvación y la alegría de todos… y nos conceda vivir la alegría del Evangelio en las familias, en el trabajo, en las parroquias y en todos los ambientes” con “una alegría íntima, hecha de estupor y ternura”.

Después del Ángelus el Papa ha saludado a los niños de Roma que habían llevado a la Plaza de San Pedro las figuritas del Niño Jesús de sus nacimientos para que el pontífice las bendijese como es habitual en este tercer domingo de Adviento.

Poco más tarde se ha trasladado al Aula de las Bendiciones, donde la comunidad de Villa Nazareth, -el centro fundado por el cardenal Domenico Tardini, para dar la posibilidad de cursar estudios universitarios a los jóvenes procedentes de familias carentes de medios económicos- participaba en la tradicional Misa de Navidad.

El Papa ha saludado a todos los presentes y ha dado las gracias especialmente al presidente de la Fundación, el cardenal Achille Silvestrini, que el pasado 23 de octubre cumplió 90 años. “Gracias .. al cardenal que ha hecho tanto bien -ha dicho- con su pensamiento fuerte y fecundo por la dignidad del ser humano… por hacer que cada uno descubra los talentos que el Señor nos ha dado y los pueda utilizar en la vida. Y también gracias a todos por este trabajo… Y os pido que recéis por mí porque lo necesito”.