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Al partir la Cuaresma

obispoMensaje de Monseñor Juan Ignacio González para este tiempo de Cuaresma.

A mitad del mes de febrero comenzará la Cuaresma, con la celebración del Miércoles de Ceniza, el día 13. Se inician los 40 días de preparación para la celebración del Sagrado Triduo Pascual, que recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección del Nuestro Señor Jesucristo.

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de un tiempo de penitencia. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gen, 3, 19 y Mc 1, 15. Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás, nos dirá el sacerdote al ponernos la ceniza en la frente.

Conviene preguntarse por el simbolismo de la ceniza. Primeramente nos recuerda la condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte, fin de la vida en esta tierra e inicio de la vida definitiva en el cielo. En tiempo como los actuales, tan llenos de preocupaciones por cosas vanas, la ceniza en nuestra frente es una marca que nos pone frente al momento decisivo de encuentro con el Señor.

También la ceniza no recuerda nuestra situación pecadora. Todos pecamos. Es importante reconocer humildemente nuestra condición. Pero hemos de reconocer también, que pocas veces somos bien conscientes de esta realidad. Por eso el tiempo de Cuaresma nos debe llevar al arrepentimiento y a una buena confesión.

La Iglesia no pide durante estos cuarenta días oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en nuestra ayuda. Se puede recorrer este camino si pedimos la humildad del corazón, recordando que todo lo que somos y tenemos es don de la gracia de Dios. La cuaresma es un camino que se recorre desde la humildad.

Culmina la celebración cuaresmal con la pasión, muerte y resurrección del Señor y si nos preparamos adecuadamente descubriremos la importancia de nuestra propia resurrección, cuando Cristo venga de nuevo. No desaparecemos como los animales ni no reencarnamos en otra vida. Nosotros mismos vivimos para siempre con Cristo en Dios.

La Iglesia nos pide en este tiempo de preparación vivamos especialmente algunas obras de penitencia (privarse de algo, ofrecer lo que cuesta, no comer lo que deseamos ni beber en demasía), que oremos con mayor insistencia, quizá dedicando un pequeño tiempo a meditar en la Sagrada Escritura y que descubramos la manera de ir en ayuda de los más necesitados. Ese día miércoles se inicia en toda la Iglesia la campaña llamada Cuaresma de Fraternidad, con sus típicas cajitas en las que vamos poniendo nuestras monedas y aportes y así luego se pueda ir en ayuda de los que más sufren. Pero eso no basta. Será bueno hacer alguna obra de amor al próximo, al enfermos, al que está sólo y abandonado, al que sufre.

Pidamos al Señor que esta Cuaresmas no se una más, sino que atendiendo al llamado del Señor nos convirtamos de verdad a una vida conforme al Corazón de Jesús.

+JIGE

cuaresmaCuaresma de Fraternidad

A contar de este mes de encuentran disponibles en las diferentes parroquias y capillas de la Diócesis de San Bernardo, las cajas de la campaña de Cuaresma 2013, que irá en beneficio de los jóvenes más vulnerables.

Se parte de esta cruzada de caridad y colabora con la Cuaresma de Fraternidad.