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La auténtica alegría humana se encuentra en Dios

foto_03El Papa presidió en la Basílica de San Marcos de Venecia la Asamblea eclesial para la clausura de la visita pastoral diocesana, iniciada en 2005 en el Patriarcado.

Tras un momento de adoración al Santísimo Sacramento y del saludo del cardenal Angelo Scola, Patriarca de Venecia, el Papa pronunció un discurso.

Además de sacerdotes, religiosos y fieles laicos, estaban presentes el Abad y los monjes de la Comunidad armenia de Venecia, el Metropolita greco-ortodoxo de Italia Ghennadios y el Obispo de la Iglesia Ortodoxa Rusa Nestor, así como representantes de las Comunidades luterana y anglicana.

Comentando las palabras de Jesús a Zaqueo: “Conviene que hoy me quede en tu casa. Bajó rápido y lo recibió”, que “han sido el hilo conductor de los encuentros comunitarios” de la visita pastoral en el Patriarcado, el Papa aseguró que “la auténtica realización del ser humano y su verdadera alegría no se encuentran en el poder, en el éxito, en el dinero, sino solo en Dios”.

“De este encuentro con Jesús -continuó- nace una vida nueva para Zaqueo: acoge al Señor con alegría, descubriendo finalmente la realidad que puede colmar real y plenamente su vida”. En este contexto, el Santo Padre pidió a la Iglesia que está en Venecia que imitara “el ejemplo de Zaqueo” y añadió: “Supera y ayuda al hombre de hoy a superar los obstáculos del individualismo, del relativismo; jamás te dejes arrastrar por las faltas que pueden marcar a las comunidades cristianas. (…) ¡No tengáis miedo de ir contra corriente para encontrar a Jesús, de apuntar hacia lo alto para cruzar con su mirada!”.

Benedicto XVI alentó a los presentes a “avanzar confiados en el sendero de la nueva evangelización, en el servicio amoroso de los pobres y en el testimonio valiente en las diversas realidades sociales. Sed concientes de que sois transmisores de un mensaje que es para cada hombre y para todo el hombre; un mensaje de fe, de esperanza y de caridad”. El Papa extendió esta invitación, en primer lugar a los sacerdotes, y también a las personas consagradas y a los laicos. A estos últimos recordó que la “santidad” no quiere decir hacer cosas extraordinarias, sino seguir cada día la voluntad de Dios, vivir verdaderamente bien la propia vocación, con la ayuda de la oración, de la Palabra de Dios, de los Sacramentos y con el esfuerzo cotidiano de la coherencia. ¡Sí -exclamó- se necesitan fieles laicos fascinados por el ideal de la santidad, para construir una sociedad digna del hombre, una civilización del amor!”.

“Os exhorto -continuó- a no ahorrar energías en el anuncio del Evangelio y en la educación cristiana, promoviendo la catequesis en todos los niveles” y a “dedicar una atención especial a la formación cristiana de los niños, de los adolescentes y de los jóvenes”.

El Papa terminó hizo hincapié en que “nuestra vida espiritual depende esencialmente de la Eucaristía. Sin ella, la fe y la esperanza se apagan, la caridad se enfría. Os exhorto, por tanto, a cuidar cada vez más la calidad de las celebraciones eucarísticas, especialmente las dominicales”.

Tras saludar a treinta representantes de la Asamblea, el Pontífice partió en góndola desde la plaza de San Marcos a la Basílica de la Salud.