«Aun en la vejez darán fruto»: el Obispo celebró la Eucaristía con los adultos mayores de la Diócesis

Un centenar de personas mayores de los clubes de toda la Diócesis llegó a la Catedral para la Misa anual del Mes del Adulto Mayor, organizada por Cáritas San Bernardo. En su homilía, Mons. Juan Ignacio González les pidió no renunciar nunca a transmitir la fe a sus hijos y nietos.

San Bernardo, 27 de octubre de 2026. Con una Catedral llena de rostros que han acompañado por décadas la vida de nuestras parroquias, la Pastoral Social Cáritas, a través de su Pastoral del Adulto Mayor, celebró su Santa Misa anual con ocasión del mes dedicado a las personas mayores. Asistieron cerca de cien adultos mayores provenientes de los clubes de toda la Diócesis. La Eucaristía fue presidida por el Obispo de San Bernardo, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz.

El Obispo inició su homilía con el versículo del Salmo 92: «Aun en la vejez darán fruto». Explicó que el valor de una vida no se mide por lo que produce ni por las fuerzas que conserva. Se mide por el amor entregado, el bien sembrado y la fidelidad a Dios. A partir de esa convicción, propuso cinco enseñanzas de la Palabra de Dios para la ancianidad cristiana.

La primera fue la transmisión de la fe. Recordando el elogio de San Pablo a la abuela Loida y a la madre Eunice de Timoteo (2 Tm 1, 5), Mons. González preguntó cuántos hijos y nietos aprendieron la señal de la cruz, el Padrenuestro y el Avemaría de labios de sus abuelos. Advirtió que en muchas familias esa transmisión se ha interrumpido, y por eso pidió: «No renuncien nunca a transmitir la fe». Animó a los presentes a seguir hablando de Dios a sus hijos y nietos con cariño y prudencia, aunque parezca que no escuchan, y a recordarles la importancia de la Misa dominical.

Describió luego a los mayores como memoria viva de las familias y del pueblo (Dt 32, 7), y pidió a los jóvenes escuchar a sus abuelos. Con las figuras de Simeón y Ana (Lc 2, 25-38), destacó que la oración de los ancianos es una fuerza extraordinaria para la Iglesia. Les pidió rezar por las familias, los jóvenes, los sacerdotes, las vocaciones, el Papa y la patria. «Nunca piensen que su oración es inútil», afirmó, y añadió que esa labor silenciosa quizá el mundo no la conozca, pero Dios sí. Presentó también la vejez como tiempo de sabiduría y de reconciliación: pedir perdón, perdonar, recuperar relaciones familiares y acercarse con mayor frecuencia al sacramento de la Confesión.

Por último, en el año del centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen, el Obispo invitó a no abandonar nunca el Santo Rosario y a permanecer muy cerca de Jesús en la Eucaristía. Pidió a quienes no pueden acudir al templo por enfermedad que soliciten que se les lleve la Sagrada Comunión a sus hogares. Cerró con la promesa de Isaías: «Hasta vuestra vejez yo seré el mismo, hasta las canas os sostendré» (Is 46, 4). Encomendó a los adultos mayores a la Virgen del Carmen y a San José, patrono de la buena muerte.

Al término de la celebración, los adultos mayores entonaron a viva voz, junto a todos los asistentes, el himno del adulto mayor.

La homilía completa está disponible en obispadodesanbernardo.cl.

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