Homilía en la novena a nuestra Señora del Molino.

HOMILÍA EN LA NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL MOLINO.
Parroquia del Molino.
El Bosque. 13 de agosto de 2026

 

¿Que nos diría la Virgen María hoy en la novena de la Virgen del Molino?

María hoy nos haría tres invitaciones muy sencillas a sus hijos: «Escuchen a mi Hijo», «No tengan miedo: confíen en Dios» y «Sean una familia que se preocupa de los demás».

  1. «Escuchen a mi Hijo y hagan lo que Él les diga»

La única indicación explícita que María dirige a otros en el Evangelio es ésta:

«Hagan todo lo que Él les diga» (Jn 2,5).

Eso nos diría también la Virgen a los católicos del Molino: no se queden solamente conmigo; vayan a Jesús. María siempre conduce a Cristo.

En estos días de novena nos preguntaría: ¿rezamos de verdad? ¿Participamos en la Misa dominical? ¿Nos confesamos? ¿Conocemos el Evangelio? ¿En nuestras decisiones familiares preguntamos qué quiere Dios de nosotros?

San Juan Pablo II lo expresó de manera muy hermosa: «María sólo vive en Cristo y en función de Cristo» (Redemptoris Mater, 46).

Por eso, la primera gracia que podemos pedir durante esta novena es muy concreta: Virgen María, ayúdanos a volver a tu Hijo y a hacer lo que Él nos diga.

  1. «No tengan miedo: confíen en Dios»

María conoció la incertidumbre. Ante el anuncio del ángel no sabía todo lo que ocurriría. Sin embargo, respondió:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

También las familias del Molino tienen preocupaciones: los hijos, el trabajo, la enfermedad, las dificultades económicas, el futuro de los jóvenes, la fe que a veces se debilita. María no nos promete una vida sin cruces. Ella misma estuvo al pie de la Cruz:

«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre» (Jn 19,25).

Nos enseña algo muy importante: el cristiano no es aquel que no tiene dificultades, sino aquel que atraviesa las dificultades tomado de la mano de Dios.

Y desde la Cruz, Jesús nos entregó a María:

«Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27).

Por eso podemos confiarle nuestras casas, nuestros hijos y nietos, nuestros enfermos, nuestros difuntos y todas aquellas preocupaciones que llevamos silenciosamente en el corazón.

Virgen del Molino, enséñanos a decir, también en los momentos difíciles: “Hágase en mí según tu palabra”.

  1. «No vivan solamente para ustedes: miren quién los necesita»

Después de la Anunciación, María no se queda pensando en sí misma. El Evangelio dice:

«María se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39).

Va a ayudar a Isabel. La verdadera devoción mariana siempre nos pone en camino hacia los demás.

Y en Caná María es precisamente quien descubre una necesidad que los demás todavía no habían advertido:

«No tienen vino» (Jn 2,3).

¡Qué hermosa definición del corazón de María! Ella ve lo que falta. Ve al enfermo que necesita compañía, al adulto mayor que está solo, al matrimonio que atraviesa dificultades, al joven que ha perdido el rumbo, al vecino sin trabajo, a la familia que necesita ayuda, al que se ha alejado de la Iglesia.

La novena no puede terminar solamente con haber rezado nueve días. Tiene que dejarnos más unidos, más atentos y más caritativos.

Como enseña el Concilio Vaticano II, María es para la Iglesia «modelo de virtudes» (Lumen gentium, 65). Mirándola aprendemos que quien verdaderamente ama a Dios aprende también a servir al prójimo.

Por eso, al terminar cada día de la novena podríamos preguntarnos: ¿Quién necesita de mí? ¿A quién puedo visitar? ¿A quién debo perdonar? ¿A quién puedo acercar nuevamente a Dios?

Estas tres palabras podrían acompañar toda la novena de los católicos del Molino:

«Hagan todo lo que Él les diga» (Jn 2,5): volver a Jesús.

«Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38): confiar en Dios.

«María se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39): salir al encuentro de los demás.

Y podríamos concluir cada jornada diciendo juntos:

Virgen María, Madre nuestra, cuida a las familias del Molino. Llévanos a Jesús, aumenta nuestra fe, sostennos en nuestras dificultades y haz de nosotros una comunidad unida, alegre y servicial. Que ninguno de tus hijos se sienta solo y que, tomados de tu mano, caminemos siempre hacia Cristo. Amén