“La IA pone en juego el amor y el deseo”: P. Antonio Spadaro SJ reflexiona sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en el corazón humano

En una profunda charla magistral durante el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de la Iglesia, el Subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede abordó las raíces espirituales de la transformación digital a la luz de la Encíclica Magnífica Humanitas.

Santiago, 27 de julio de 2026.- Frente a un auditorio atento a los rápidos y abrumadores cambios tecnológicos de nuestro tiempo, se desarrolló este lunes la esperada charla magistral “Inteligencia artificial y espiritualidad”, a cargo del Padre Antonio Spadaro SJ. El presbítero jesuita y Subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede, reconocido como una de las voces más influyentes en el diálogo entre fe, cultura y tecnología, entregó valiosas luces para el discernimiento pastoral.

En el marco del VII Seminario Internacional de Comunicaciones de la Iglesia, el P. Spadaro invitó a los comunicadores y agentes pastorales a dar un giro radical en la forma de comprender la Inteligencia Artificial (IA). Siguiendo las directrices del Papa León XIV en su reciente Carta Encíclica Magnífica Humanitas, el sacerdote advirtió que no basta con abordar la tecnología desde la gobernanza o la ética; es imperativo abordarla desde la espiritualidad.

Más allá de la ética: un desafío espiritual

“Antes de preguntar cómo debe gobernarse la inteligencia artificial, la cuestión es qué hace la inteligencia artificial a nuestro corazón”, sentenció el P. Spadaro, marcando el tono de su intervención.

Para el teólogo, la tecnología no es una simple herramienta, sino un “entorno vital” que condiciona nuestra forma de pensar, creer y relacionarnos. En este sentido, la IA es un desafío espiritual porque interpela directamente al deseo humano. Recordando a San Agustín, el P. Spadaro señaló que son los amores los que construyen nuestras ciudades (Babel o Jerusalén), y puntualizó: “La regulación sin contemplación es ciega, y la ética sin espiritualidad es un cuerpo sin alma”.

Lo que nos hace irreductiblemente humanos

Frente al avance del “paradigma tecnocrático” y las tentaciones del transhumanismo —que ven la vulnerabilidad y la mortalidad humana como defectos a corregir—, el Padre Spadaro defendió una antropología cristiana donde la fragilidad es el espacio donde actúa la gracia y se gesta la compasión. “La humanidad prospera no a pesar de las limitaciones, sino a menudo a través de ellas. Somos humanos porque estamos heridos, porque somos vulnerables”, reflexionó.

Para distinguir la naturaleza del alma humana frente al “cerebro mecánico”, el sacerdote enumeró cuatro dimensiones o experiencias que escapan a la captura de los algoritmos:

  • La capacidad de “desorden” (creatividad disruptiva): El ser humano, ante la lógica rígida de la máquina, actúa introduciendo preguntas de sentido y rompiendo el automatismo.

  • La condición del pensamiento: Una máquina puede imitar las condiciones bajo las cuales se manifiesta el pensamiento, pero no posee el pensamiento en sí mismo.

  • La experiencia del juego: El ser humano disfruta la gratuidad del juego, asumiendo la posibilidad real de perder; la máquina solo busca la eficiencia de ganar.

  • La experiencia del límite: El dolor, la enfermedad y la muerte (“la posibilidad de la imposibilidad”) son misterios insondables para lo artificial, pero fundamentales para nuestra apertura a la trascendencia y el encuentro con Dios.

“Las máquinas producen combinaciones, los seres humanos generan sentido”, enfatizó el Subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación.

Un llamado a nuestras comunidades

Como Obispado de San Bernardo, acogemos estas palabras en profunda comunión eclesial. Tal como nos invita permanentemente nuestro Obispo, Mons. Juan Ignacio González, a poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida para no dejarnos arrastrar por la dispersión del mundo, esta reflexión nos desafía a humanizar el entorno digital. No se trata de demonizar la tecnología, sino de “proteger la diferencia entre lo que funciona y lo que vive”, garantizando que Cristo sea siempre la única medida y el fin de nuestras vidas.

El P. Spadaro concluyó su magistral exposición con un llamado a la esperanza y al diálogo:

“La pregunta de fondo no es cuánto pueden hacer las máquinas, sino cuánto podemos crecer juntos con ellas. El gran desafío es cómo nuestro cerebro espiritual puede dialogar con el cerebro mecánico para alcanzar lo sagrado”.

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Secretaría de Comunicaciones | Obispado de San Bernardo