San Bernardo, 8 de julio de 2026. – En un ambiente de profundo recogimiento y oración, la Catedral de San Bernardo acogió la tradicional Eucaristía de la Vela de Armas, ceremonia previa al solemne Juramento a la Bandera. La Santa Misa fue presidida por nuestro Obispo, Monseñor Juan Ignacio González Errázuriz, quien dirigió un sentido mensaje pastoral a los oficiales, suboficiales, soldados, familiares y fieles congregados en el templo catedralicio.
Al iniciar su homilía, el Pastor diocesano recordó el sentido originario de la Vela de Armas, una tradición que se remonta a la Edad Media, donde el joven, antes de ser armado caballero, pasaba la noche en oración ante el altar. Monseñor González destacó que esta preparación espiritual no es un mero protocolo, sino una invitación a examinar la conciencia, recordando que el soldado se prepara “sobre todo, para aprender a servir”. En esta línea, fue enfático al señalar que las armas confiadas por la patria nunca deben ser instrumentos de violencia injusta, sino medios para “proteger la vida, la libertad, la paz y el bien común”.
El juramento: un acto religioso y de conciencia
Uno de los puntos centrales de la reflexión del Obispo abordó la naturaleza del juramento que los militares pronunciarían al día siguiente. Con precisión doctrinal, Monseñor González explicó que un juramento trasciende la mera tradición humana para convertirse en un acto profundamente religioso. Citando el número 2154 del Catecismo de la Iglesia Católica, subrayó que poner a Dios como testigo exige actuar “con verdad, con discernimiento y con justicia”.
“Quien jura compromete su honor, pero también compromete su conciencia delante de Dios”, advirtió nuestro Obispo, recordando que el verdadero compromiso comienza al terminar la ceremonia y se renueva en la fidelidad del servicio diario.
Ejemplos de heroísmo cotidiano y la vigilia de Getsemaní
Haciendo un recorrido por la historia nacional, Monseñor González unió el nacimiento de la Patria con la fe en la providencia divina, recordando el voto a la Virgen del Carmen en la Batalla de Maipú, y exaltando la figura de Arturo Prat y los héroes de La Concepción. “El momento heroico sólo revela lo que el corazón había cultivado durante toda una vida”, reflexionó, extendiendo este reconocimiento a todos los servidores públicos que, en el día a día, arriesgan su vida por el prójimo.
Elevando la mirada hacia el modelo definitivo de entrega, el Obispo invitó a la asamblea a contemplar a Jesucristo en el huerto de Getsemaní. Allí, en la gran vigilia del Señor, la Iglesia aprende que “antes del combate está la oración” y que “toda misión importante comienza de rodillas”, asumiendo la obediencia a la voluntad del Padre.
La Eucaristía concluyó con una profunda oración de intercesión. Monseñor Juan Ignacio González encomendó a los uniformados y sus familias a la protección de la Santísima Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile y Patrona de las Fuerzas Armadas y de Orden, pidiendo al Señor la gracia de que los presentes sean siempre hombres y mujeres íntegros, en quienes “la fuerza vaya siempre unida a la misericordia, la autoridad al respeto de la dignidad humana y el amor a la patria al amor de Dios”.
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