Carta Circular del Obispo al clero insiste en la vigilancia, la formación permanente y el cuidado de las personas más vulnerables
Con ocasión del Mes del Sagrado Corazón de Jesús, el Obispo de San Bernardo, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, dirigió una Carta Circular a los sacerdotes y diáconos de la diócesis, recordando la necesidad de fortalecer permanentemente las medidas de prevención y la creación de ambientes sanos y seguros en toda la actividad pastoral.
El documento subraya que la Iglesia ha aprendido dolorosamente de las crisis provocadas por los abusos y que, por ello, es indispensable mantener una actitud de vigilancia, humildad y conversión permanente. En este contexto, el Obispo recoge las recientes enseñanzas del Papa León XIV, quien ha señalado que la crisis de confianza causada por los abusos cometidos por miembros del clero exige una formación humana, espiritual y afectiva cada vez más sólida para quienes ejercen el ministerio sacerdotal.
La prevención nace de la dignidad de la persona
La Carta recuerda que toda forma de abuso —sexual, de autoridad o de conciencia— contradice radicalmente el Evangelio y la dignidad de la persona humana creada a imagen de Dios. Por ello, el ministerio ordenado debe vivirse siempre como un servicio que refleje el rostro de Cristo Buen Pastor, evitando cualquier forma de dominio sobre los demás.
Entre las medidas concretas propuestas se encuentran la prudencia en el trato pastoral con menores y personas vulnerables, la presencia de adultos responsables en las actividades juveniles, la adecuada supervisión de los espacios parroquiales, el uso responsable de las redes sociales y la formación permanente de todos los agentes pastorales en prevención y detección de abusos.
En sintonía con las orientaciones del Papa León XIV
La carta se inserta plenamente en el camino de renovación impulsado por el Papa León XIV, quien en diversas intervenciones ha insistido en que la respuesta de la Iglesia ante los abusos debe apoyarse en tres pilares inseparables: prevención, reparación y transparencia.
El Santo Padre ha recordado que la protección de menores y personas vulnerables no puede reducirse al cumplimiento de protocolos, sino que debe convertirse en una verdadera cultura eclesial. Ha subrayado también que la cercanía a las víctimas, la escucha sincera de su sufrimiento y el compromiso con la reparación de las heridas son exigencias de justicia y de caridad que brotan del Evangelio.
Asimismo, León XIV ha insistido en que la prevención comienza mucho antes de la aparición de conductas abusivas, mediante una adecuada formación humana, afectiva y espiritual de sacerdotes, diáconos, seminaristas y agentes pastorales, así como mediante estructuras de acompañamiento y supervisión que favorezcan la transparencia y la responsabilidad compartida.
Ambientes seguros para la evangelización
Mons. González destaca especialmente la importancia de evitar el aislamiento pastoral, fomentar la fraternidad sacerdotal, mantener una dirección espiritual estable y revisar periódicamente los propios comportamientos ministeriales. Estas prácticas, señala, constituyen herramientas fundamentales para prevenir situaciones que puedan generar daño o escándalo.
El Obispo exhorta además a todos los miembros del clero a conocer y aplicar los protocolos diocesanos y las orientaciones de la Conferencia Episcopal de Chile sobre integridad en el servicio eclesial, de modo que las parroquias, colegios, movimientos y comunidades sean lugares donde niños, jóvenes y adultos encuentren un ambiente seguro para crecer en la fe.
Un llamado a la vigilancia y a la coherencia de vida
La Carta concluye con una invitación a vivir el ministerio con humildad, transparencia y coherencia, recordando que los fieles aprenden más por el testimonio que por las palabras. Citando a los Padres de la Iglesia, Mons. González recuerda que el verdadero pastor debe primero vivir aquello que enseña, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.
Finalmente, el Obispo anima a sacerdotes y diáconos a permanecer vigilantes como centinelas del Pueblo de Dios, para que ninguna conducta impropia hiera el Corazón de Cristo ni dañe a los fieles, especialmente a los más jóvenes y vulnerables


