Homilía en la Toma de Posesión de la Parroquia San Edmundo, Rey y Martir

Homilía en la Toma de Posesión de la Parroquia San Edmundo, Rey y Martir.

5to. Domingo de Pascua.
3 de mayo de 2026.

Queridos hermanos y hermanas, querido padre Jorge:

  1. Acabamos de escuchar en el Evangelio esas palabras del Señor que nos golpean a todos. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Cuando el Señor se fue al cielo, nos dejó a la Iglesia, y antes de irse nos dejó el don del sacerdocio: “Hagan esto en memoria mía”. En la última Cena, junto con instituir el sacramento maravilloso de su presencia Eucarística, quiso dejarnos también el mandato de hacer esto en memoria suya, que es la principal obligación de cada uno de nosotros sacerdotes, y de cada uno de nosotros, los fieles. Y la Iglesia, con el paso del tiempo, fue dando ese mandato a otros hombres. Y así el sacerdocio se ha vivido por 2000 años; el mismo sacerdocio de Cristo. Por eso en el altar el sacerdote dice esto es mi cuerpo, esta es mi sangre. No es el cuerpo y la sangre de él , es la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Y cuando empezó a desperdigarse la Iglesia por todo el universo, especialmente en los primeros siglos, hasta el año 300, bajo persecuciones, con miles y miles de mártires, fue estableciendo aquí y allá Iglesias particulares, diócesis. Pensemos en Chile, cuando llegó aquí Pedro de Valdivia, no había ningún cristiano, ningún católico. Estaban nuestros hermanos de los pueblos originarios con sus creencias, y fueron estableciendo diócesis, y después parroquias, y después capillas, y después colegios, etc.
  2. Hoy, la Iglesia está extendida por todo el mundo y más de 1.400 millones de personas profesan esta fe. Nosotros estamos aquí, en este lugar, la parroquia San Edmundo Rey Mártir, en la Diócesis de San Bernardo, en la localidad de Nos, dentro de esta comuna de San Bernardo. Y tenemos una Iglesia que es más que un templo. Y por eso hoy día quisiera hacerles unas breves consideraciones sobre este momento que estamos viviendo. El que prepara y envía al verdadero pastor de esta comunidad de San Edmundo es el Señor. Es la primera verdad que conviene proclamar. El párroco no sustituye a Cristo, sino que sirve en su nombre. Jorge, a partir de hoy día, oficialmente es Cristo en medio de ustedes, porque el único Señor de la parroquia es Jesucristo, Buen Pastor, que conoce sus ovejas y da la vida por ellas, como nos dice el Evangelio de San Juan. San Agustín recordaba con profunda verdad: “para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano”. Jorge, es a partir de hoy día párroco, es un cristiano más que tiene una misión particular recibida de Cristo y confirmada por la Iglesia y toda la autoridad que tiene en esta parroquia se puede resumir en una frase: servir como el Señor; “Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve”.
  3. Como ha enseñado el Papa León, el ministerio pastoral no consiste en ocupar un lugar, sino transparentar la presencia de Cristo para que el pueblo de Dios encuentre en la Iglesia su voz, su verdad y su misericordia. La parroquia está inserta en una realidad mayor que es la Iglesia diocesana, así como la Iglesia diocesana inserta en la realidad de la Iglesia universal. Esta toma de posesión expresa la comunión con el Obispo, sucesor de los Apóstoles y con toda la Iglesia universal y con el Papa León XIV, que en este momento preside la Iglesia y es nuestra cabeza. De la misma manera el nuevo párroco llega enviado, no por iniciativa propia, sino por la Iglesia. No es que se haya encontrado una parroquia, la Iglesia lo envía, así como los envía a ustedes al mundo para llevar la luz de Cristo. San Ignacio de Antioquía enseñaba, hace ya muchos siglos, donde está el Obispo, allí está la comunidad, así como donde está Cristo Jesús, allí está la Iglesia Católica. Y la Iglesia Católica se realiza en esta realidad de la parroquia de San Edmundo Rey y Mártir. Aquí están todos los medios de santificación, desde acoger a aquel que nace y hacerlo vivir en la fe, hasta despedir a nuestros hermanos a la vida eterna, que es el fin y el camino de nuestra vida. La comunión eclesial, por lo tanto, entre nosotros, hermanos, entre las comunidades que forman esta parroquia, de Jorge con su obispo y del obispo con el Papa, no es una estrategia eficaz, como quien dice; hay que hacer esto para que se produzcan frutos, sino que es una realidad espiritual que nace de Cristo y se custodia con la obediencia y con el servicio. La parroquia es la casa de comunión, la escuela de santidad y el centro de la misión. No es solo una estructura física o moral, oficinas, libros, inscripciones, etc. Es una familia espiritual. Esta idea la reafirmó muchas veces el Papa San Juan Pablo II. Aquí hay hijos de Dios y los hijos forman una familia, una familia espiritual, pero una familia con vínculos muy poderosos y fuertes, algunas veces más fuertes incluso que los vínculos de la sangre, porque son vínculos que nacen directamente de Dios. Aquí se aprende a creer, a orar, a servir y amar. Un padre de la Iglesia, decía: la Iglesia es hospital, no tribunal, es decir, uno viene a curarse de sus males, de sus dolores, de sus temores. Eso es lo que hacemos en la Iglesia. Es lo que hace el Obispo, es lo que hace Jorge, es lo que hacen ustedes. Aquí nadie tiene puesto reservado, aquí nadie está por encima de otro. Somos todos hijos de Dios y cada uno cumple su servicio según su llamado. La parroquia es casa de comunión, casa de santidad y centro de la misión. Cada parroquia, decía el Papa León XIV hace un tiempo atrás, debe ser una lámpara encendida en medio de su barrio, lugar donde nadie se siente extraño y todos son llamados a la esperanza.
  4. Queridos hermanos, cuanta gente alrededor nuestro está llegando a vivir en esta zona. Con cuanta sabiduría el Señor nos hizo descubrir en este lugar, hace ya muchos años, que había que establecerse porque llegarían aquí cientos de familias a vivir, y de hecho es lo que ha ocurrido y seguirá ocurriendo. Y en medio de esas familias está la Iglesia, está la parroquia como centro que acoge, que ayuda, que nos da esperanza. Y en la parroquia hay un aspecto central, esencial, Jesucristo presente en la Santa Eucaristía y en la reconciliación. Tienen el don inmenso de tener dos sacerdotes dedicados a esta parroquia. Tienen el don inmenso de tener seminaristas que asisten a esta parroquia, tienen dos diáconos, tienen muchos ministros. Cuando uno es beneficiado por Dios, lo que queda es agradecer. Hoy agradecemos al Padre Jorge su generosidad para decir que sí, para ponerse encima de sus hombros la carga y el encargo de llevar adelante una comunidad numerosa con todas las cosas maravillosas que en ella suceden y también las dificultades que todos podemos conocer.
  5. Al centro Cristo. El corazón de la parroquia es el altar. Consagrado hace ya tiempo, algunos de los que están aquí se acuerdan hace muchos años, porque en ese altar se realiza nuestra santificación y nuestra redención. En este altar de esta iglesia, Cristo se hace presente y viene a cada uno de nosotros y nos llama y nos dice “vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo los aliviaré”. San Ambrosio, un padre de Iglesia, enseñó: “porque cada vez que recibimos el cuerpo de Cristo, anunciamos la muerte del Señor”. Por eso el nuevo Papa está llamando a custodiar con amor la liturgia. Ahora, al tomar posesión de su cargo, comienza a conducir al pueblo a una vida sacramental intensa, con paciencia, respetando siempre su libertad, estando cercano, siendo amable, siendo un hombre al servicio de todos.
  6. No habrá renovación auténtica, dice el Papa, donde la Eucaristía sea secundaria o donde el sacramento de la misericordia sea olvidado. Todos necesitamos la misericordia de Dios, partiendo por el Obispo. Querido Jorge, como sacerdote tú eres el hombre de la Palabra y de la cercanía. El pueblo espera un pastor que enseñe la verdad, pero también que acompañe, que escuche, que visite, que esté en los momentos difíciles y en los momentos alegres, que esté en las circunstancias más complejas de la vida de la familia. El pastor debe acercarse a cada uno según su necesidad. Y ahí está la sabiduría inmensa que esconde el sacerdocio y la vida interior de relación con Dios del mismo sacerdote. Es el Señor el que nos mueve. No somos unos expertos en sociología, en el conocimiento del corazón humano. Es el Señor el que nos mueve a conocer y a entregarnos, porque el sacerdote es otro Cristo, es el mismo Cristo, como dice San Pablo.
  7. La toma de posesión nos recuerda también una cosa importante que nunca debe olvidarse y más en esta parroquia. Toda toma de posesión recuerda que hay un destino preferencial de la acción de la Iglesia y del sacerdote. Los más abandonados, los más solos, los más pobres que son Jesucristo. Y aquí algunas veces, en una realidad de cierto confort, de cierta vida ordenada, con la gracia de Dios, gran cosa que es digna de alabanza, puede haber muchos hermanos nuestros que están solos, hermanos enfermos, hermanos que han sufrido situaciones familiares, hermanos que pierden su trabajo, hermanas y hermanos que sufren. Ahí está la Iglesia, ahí están los hijos de la Iglesia. Otro Padre importante de la Iglesia enseña que la fe auténtica se conserva viva cuando se transmite íntegra y fecunda. No podemos rebajar lo que el Señor nos dio, diciendo: hagamos las cosas más fáciles. No, hacemos exactamente lo que la Iglesia nos pide. Y de ahí nace la fecundidad. Se expresa también así la caridad, el amor a los demás. Una parroquia viva busca a los alejados, sostiene a las familias, acompaña a los enfermos y sale al encuentro de quienes han perdido la fe. Recordemos que Chile ha sufrido un momento muy difícil en que muchas personas se han alejado de la Iglesia por muchas razones. También en otros países está sucediendo lo mismo. Nuestros abuelos vivieron en Chile con el 82% que se declaraba católico y hoy día, según el censo, sólo un 54% se declara católico. Pero no porque hayan aumentado otras confesiones, religiones, la gente se haya ido al evangelismo, al protestantismo. Sino porque mucha gente ha dejado de creer. Un 24% de los chilenos declaran en el censo no tener religión alguna ni tener ninguna confesión. Y eso es un mal. Y a esos hermanos nuestros hay que salir a buscarlos. La parroquia tiene las puertas abiertas y por las puertas se entra, como hemos hecho ahora. Pero también se sale a la misión, a buscar a los demás. Pero, ¿Monseñor quiere que vayamos a predicar a las plazas? No necesariamente, ese no es nuestro estilo. Nuestro estilo es la oración y el ejemplo.
  8. La oración y el ejemplo. Una vida familiar bien llevada, una actitud de cercanía con todos. Una vida de servicio. Que atrae. Y al atraer vienen. Quizás vienen detrás de ti, pero llegan aquí y tú te haces un lado y descubren al Señor. En el sacerdote, en el obispo, hemos de ver a Cristo. Toda la comunidad parroquial crece cuando vive en la escuela de María. Ella enseña, escucha, humilde y fiel. Nuestro patrono San Bernardo decía: “mira a la Estrella e invoca a María”. A la entrada de la ciudad de San Bernardo está su estatua. Y hoy estamos celebrando el centenario de la coronación de la Virgen del Carmen. Nuestros abuelos, seguro alguno de los de ustedes, coronaron a la Virgen el día 19 de diciembre de 1926. En el Parque Cousiño, hoy día Parque O’Higgins, 500.000 personas se juntaron. Todas las autoridades de la nación, todas las instituciones públicas, fuerzas armadas, etc., para coronar a la Virgen del Carmen, Reina y patrona de Chile. Y el delegado del Papa, el Nuncio Apostólico Aloisio Masella, le puso la corona entre el estrépito de las bandas y el canto. ¿Y por qué se corona la Virgen? Porque ha estado siempre presente en la vida de Chile, desde el tiempo del Chile hispánico, durante la Independencia; en el corazón de O’Higgins, en el corazón de San Martín, en la Guerra del Pacífico, en todas las circunstancias, en nuestros terremotos, en nuestra alegría. María del Carmen, pongámosle a ella al centro. Vivamos este año mariano de la coronación de la Virgen. María no quiere un culto que termina en ella. Ella nos lleva al culto de Dios y a su Hijo Jesucristo. Como dice el Papa: María no retiene a la Iglesia para sí, sino que la conduce a Cristo.
  9. La toma de posesión, querido Jorge, no es solamente el inicio de una administración, sino el comienzo de una nueva etapa espiritual, de una misión. La misión es continuar en el legado que han dejado otros sacerdotes que han pasado por aquí, el último de ellos, el padre Patricio, que ya tomó posesión de su parroquia, como saben muchos en Punta Arenas, para continuar mostrando el camino del Señor, mostrando el camino de la salvación con amor, con dedicación, con delicadeza a toda la comunidad. De cien almas que hay en esta parroquia, de cien personas, las cien nos interesan. A todas debemos anunciar el Evangelio. Y ustedes se hacen uno con el padre Jorge para ir a anunciar el Evangelio a tanta gente que nos espera. Hoy esta parroquia renueva su certeza de que Cristo sigue caminando con su pueblo, con un nuevo pastor, pero con el mismo Señor, con nuevos desafíos, pero con el mismo Evangelio, con esperanza renovada para seguir siendo casa de Dios y puerta del Cielo. Si van a Santiago y visitan la iglesia de San Ignacio, cerca de la Alameda, dice en su pórtico: esta es la casa de Dios y la puerta del cielo.
  10. Pidamos, hermanos, para que este tiempo en que Jorge, junto con todos los que le ayudan, especialmente los diáconos, el padre Rodrigo, inician este trabajo, sea un tiempo lleno de fecundidad apostólica. Fecundidad personal en el crecimiento en la fe, en el amor a Jesucristo, y fecundidad también en que muchas personas, especialmente los que ya están cerca del Señor, crezcan en ese amor, crezcan en el amor a la Iglesia, a María y a nuestra patria. Que así sea.

Amén.

+Juan Ignacio González Errázuriz
Obispo de San Bernardo