Carta a los catequistas en la Solemnidad de la Ascensión del Señor
Día del Catequista.
“Nada hay más eficaz para arrancar de raíz los males presentes que la instrucción religiosa del pueblo”. (San Pío X)
Domingo 17 de mayo 2026
Queridos catequistas:
En este Domingo de la Ascensión del Señor, 17 de mayo, cuando contemplamos a Cristo que sube al cielo y confía a su Iglesia la misión de anunciar el Evangelio “hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8), los saludo con afecto, gratitud y esperanza y doy gracias al Señor por su presencia y trabajo en nuestra diócesis.
La Ascensión del Señor a los cielos no es una despedida, sino un envío misionero. El Señor, al volver al Padre, nos confía anunciar el Evangelio: “Vayan, pues, y hagan discípulos” (Mt 28,19). Ustedes, queridos catequistas, participan de modo precioso y único en esta misión, siendo testigos, formadores y sembradores de la fe en niños, jóvenes y adultos.
El Papa León XIV recordó en su mensaje a los catequistas del Jubileo de la Evangelización (12 de enero de 2026): “La catequesis no transmite sólo contenidos religiosos; comunica una Persona viva, Jesucristo, centro del corazón humano y esperanza del mundo”. Y añadió con fuerza: “No teman educar en la verdad completa del Evangelio, porque sólo Cristo ilumina plenamente la libertad del hombre”.
San Juan Crisóstomo enseñaba: “Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupa por la salvación de los demás” (Homilía sobre los Hechos de los Apóstoles, 20,4). Y San Agustín, pastor apasionado, recordaba: “Los que anuncian la palabra de Dios exteriormente son como cultivadores y regadores; pero quien da el crecimiento interior es Dios” (Sobre la catequesis a los principiantes). Estas palabras iluminan su vocación: servir humildemente para que otros encuentren a Cristo y al encontrarlo lo amen y lo sirvan.
Hoy la Iglesia necesita catequistas fervorosos, fieles al Magisterio, amantes de la oración, cercanos a las familias y valientes ante los desafíos del mundo. Su tarea no siempre es fácil, pero nunca están solos: el Señor promete su cercanía, “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
En este día santo, los animo a renovar su sí misionero, a perseverar con alegría, a enseñar con claridad y a vivir lo que anuncian.
Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, y especialmente Nuestra Señora del Carmen, cuyo centenario de su coronación estamos celebrando, los proteja y acompañe siempre.
Gracias por su entrega generosa. La Iglesia los necesita. Cristo cuenta con ustedes. ¡Adelante en la misión!
Con mi afectuosa bendición
+Juan Ignacio González Errázuriz.
Obispo de San Bernardo

