Papa León XIV en Camerún: “La autoridad no es un título de posesión, sino un ejercicio de entrega”

En el marco de su actual viaje apostólico al continente africano, Su Santidad el Papa León XIV se reunió este miércoles 15 de abril con las máximas autoridades políticas, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático de Camerún en la ciudad de Yaundé. Durante este encuentro histórico, el Sumo Pontífice ofreció una profunda reflexión sobre la ética del poder, la paz social y la responsabilidad de quienes lideran los destinos de los pueblos, invitando a una renovación urgente del compromiso con el bien común y la justicia operativa.

El Sucesor de Pedro comenzó su alocución subrayando que la política, cuando se vive en su expresión más noble, debe ser considerada una forma eminente de caridad. Enfatizó ante los líderes presentes que la autoridad no debe entenderse como una cuota de poder personal, sino como un servicio liberador, afirmando que “el verdadero soberano es aquel que se arrodilla ante las necesidades de su pueblo para elevar su dignidad”. En este sentido, recordó que la verdadera soberanía de una nación se manifiesta en su capacidad de proteger a los ciudadanos más postergados y en garantizar que la justicia no sea un privilegio de pocos, sino un derecho inalienable de todos.

Ante las tensiones que atraviesa la región, el Santo Padre hizo un llamado enérgico a abandonar la “diplomacia de la fuerza” y la “lógica de las armas”, las cuales calificó como destructoras del estado de derecho y de la confianza internacional. En su lugar, propuso consolidar una “cultura del encuentro” cimentada en un diálogo intercultural y religioso genuino. León XIV alertó también sobre lo que denomina la “corrupción de las palabras”, denunciando aquellos discursos que, bajo una apariencia de unidad o inclusión, terminan por fomentar la división o la cancelación de quienes piensan distinto, perdiendo su conexión con la realidad del sufrimiento humano.

Finalmente, el Pontífice exhortó a las autoridades a emprender una “conversión en la justicia” como vía para erradicar la corrupción y la desigualdad. Pidió que Camerún sea un faro de esperanza para todo el continente africano, demostrando que la fraternidad humana y la defensa de la vida desde su origen son los únicos cimientos posibles para un progreso real de la familia humana. La jornada concluyó con un solemne llamado a la paz, encomendando a la nación y a sus gobernantes a la protección divina.

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