Cristo Corre” en Lo Herrera: Más de 25 familias reciben el consuelo de la Eucaristía en la Fiesta de la Divina Misericordia

En una jornada marcada por la fe y la identidad rural de nuestra Diócesis, la comunidad de Lo Herrera celebró este domingo 12 de abril la tradicional fiesta de Cuasimodo. En el marco del Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, el Santísimo Sacramento recorrió los callejones de la zona para visitar a los enfermos y personas impedidas de asistir al templo.

El encuentro con la Misericordia

Bajo el lema de llevar la comunión a quienes padecen el peso de la enfermedad, la comitiva -encabezada por el Obispo Diocesano junto a sacerdotes y escoltada por los cuasimodistas— visitó a más de 25 familias. Durante el recorrido, se vivieron momentos de profunda emoción cuando los fieles recibieron la Sagrada Eucaristía en sus hogares, reafirmando el compromiso de nuestra Iglesia diocesana con el acompañamiento pastoral de los más sufrientes.

Esta actividad se alinea con las Orientaciones Pastorales vigentes, que buscan fortalecer la presencia de Cristo Vivo en cada rincón de las siete comunas que conforman nuestra jurisdicción.

Quasimodo: Una tradición viva en el corazón de San Bernardo

La fiesta de Quasimodo, definida popularmente como el acto de “correr a Cristo”, es una de las expresiones de piedad popular más profundas de la zona central de Chile, teniendo un arraigo especial en el área jurisdiccional del Obispado de San Bernardo.

Esta tradición nace en la época colonial, cuando los sacerdotes que llevaban la comunión a los enfermos en la Octava de Pascua eran escoltados por huasos armados para protegerlos de posibles asaltos.

En comunas como San Bernardo, Buin, Paine y Calera de Tango, esta fiesta trasciende lo folclórico para convertirse en un verdadero servicio pastoral. Los cuasimodistas, vestidos con sus tradicionales esclavinas y pañuelos, no solo adornan sus bicicletas y caballos, sino que se constituyen como una “guardia de honor” para el Rey de Reyes.

Celebrar Quasimodo en la Fiesta de la Divina Misericordia enfatiza que el amor de Dios no conoce barreras físicas, llegando directamente al lecho del enfermo para ofrecer esperanza y comunión eclesial.