El camino de la Cuaresma

Recorremos ya el camino de la Cuaresmal  y la Iglesia nos invita, como madre y maestra, a volver a poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que la fe recobre su fuerza y el corazón no se deje arrastrar por la dispersión y el ruido cotidiano, especialmente fuerte al inicio del año. Este tiempo santo es una oportunidad para dejarnos renovar por la gracia y caminar con Cristo hacia el misterio de su pasión, muerte y resurrección. Siguiendo las enseñanzas del Papa León, lo invito a todos a recorrer este tiempo de gracia.

Escuchar. Toda verdadera conversión nace de la escucha. Cuando abrimos espacio a la Palabra de Dios y la acogemos con docilidad, permitimos que ella transforme nuestra vida. El Señor, que escuchó el clamor de su pueblo oprimido, nos enseña a escuchar también nosotros el sufrimiento de los pobres y de quienes viven en la angustia. Toda conversión comienza cuando damos espacio a la Palabra y la acogemos con docilidad. Como enseña San Agustín: “Temo al Señor que pasa”, recordándonos que no debemos dejar pasar la gracia cuando Él nos habla. La liturgia nos educa en esta actitud interior: aprender a escuchar a Dios para saber escuchar mejor a los hermanos y reconocer su voz en medio de tantas otras voces.

Ayunar. El ayuno es una expresión concreta de nuestro deseo de conversión. Nos ayuda a descubrir de qué tenemos verdadera hambre y a ordenar nuestros deseos hacia el bien. No se trata sólo de abstenerse de alimento, sino de purificar el corazón y hacerlo más libre. Asimismo, San León Magno enseñaba: “El ayuno no es sólo abstinencia de alimentos, sino también alejamiento del pecado”. Por eso, en esta Cuaresma, estamos llamados también a un ayuno del lenguaje: renunciar a las palabras que hieren, al juicio apresurado y a la murmuración, para que nuestro hablar sea signo de caridad y de paz.

Caminar juntos. La Cuaresma tiene una dimensión comunitaria. Como pueblo de Dios, estamos llamados a recorrer este camino unidos: escuchando juntos la Palabra, practicando el ayuno y renovando nuestras relaciones de amor con Dios y con los demás. La conversión no sólo transforma la conciencia personal, sino también el estilo de nuestras comunidades, haciéndolas más abiertas al diálogo, a la justicia y a la reconciliación.

¿Cómo recorrer este camino hasta la Pascua, hasta las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor? Un camino necesario será orar con mas habitualidad, especialmente mediante la meditación de la Palabra de Dios. Asimismo, preparar un a buena confesión que no permita llegar al fondo de nuestros errores y pecados y pedir perdón de ellos en el sacramento de la misericordia de Dios y luego, asistir, en familia o individualmente, a la Eucaristía Dominical, en la cual participamos ya de pasión del Señor y recibimos consejos para nuestro camino.

Pidamos al Señor la gracia de una Cuaresma vivida con corazón atento y humilde; que nuestra escucha sea más profunda, nuestro ayuno más sincero y nuestra caridad más concreta. Que este camino nos conduzca a la alegría de la Pascua y nos haga constructores de esperanza y de paz. Que este tiempo de cuaresmas lo recorramos de la mano de la Virgen María, que siempre acompaña a Jesús y a nosotros.

 

+Juan Ignacio