Mons. Juan Ignacio González: “Una oportunidad para volver a poner a Dios en el centro de la vida”

Este 18 de febrero  con la celebración de la Santa Misa de Miércoles de Ceniza se da inicio al tiempo de la Cuaresma 2026, a continuación publicamos el mensaje de Monseñor Juan Ignacio González para este tiempo de preparación, ayuno y conversión.

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy comenzamos el santo tiempo de la Cuaresma, recibiendo las cenizas sobre nuestras cabezas. Ese gesto sobrio y antiguo nos recuerda dos verdades decisivas: somos frágiles y pasajeros —“polvo eres y al polvo volverás”— y, al mismo tiempo, estamos llamados a la conversión —“conviértete y cree en el Evangelio”. Las cenizas no son un signo de desesperanza, sino de esperanza: Dios no abandona al hombre, sino que lo llama nuevamente a su amistad.

La Iglesia, como madre, nos ofrece este camino no como una exigencia exterior ni como un simple esfuerzo de voluntad, sino como una oportunidad para volver a poner a Dios en el centro de la vida. Con frecuencia el corazón se dispersa entre preocupaciones, urgencias y ruidos; la Cuaresma viene a reunirlo de nuevo en torno a lo esencial: dejarnos encontrar por el Señor que nos habla.

Para ello se nos proponen dos actitudes fundamentales.

Ante todo, la oración y la escucha. En un mundo lleno de voces, el cristiano necesita redescubrir el silencio interior para acoger la Palabra de Dios. Quien escucha verdaderamente a Dios aprende también a escuchar el sufrimiento del prójimo. La fe crece cuando deja de ser teoría y se convierte en compasión concreta.

En segundo lugar, el ayuno. No se trata sólo de privarnos de alimento, sino de ordenar los deseos, liberarnos de lo superfluo y recordar qué es lo verdaderamente necesario. El ayuno despierta el hambre de Dios y nos dispone a la oración y a la caridad; sin ellas, cualquier sacrificio queda vacío.

Este camino no lo recorremos solos. Avanzamos como Iglesia hacia la Pascua, acompañando a Cristo en su subida a Jerusalén y nos disponemos a seguirlo en su Pasión y luego en su gloriosa Resurrección. Nuestras comunidades están llamadas a ser lugares donde la escucha genere reconciliación y donde la conversión se traduzca en obras de justicia y de bien común y de caridad con los más necesitados del alma y del cuerpo.

Confiemos este itinerario cuaresmal a la Santísima Virgen María, para que nos conduzca a la alegría del Resucitado y haga de nosotros testigos de una caridad viva, capaz de renovar el mundo.

Que el Señor bendiga abundantemente a cada uno en este tiempo de gracia.

+Juan Ignacio González Errázuriz

Obispo de San Bernardo