¿Cómo descansar en cristiano?

Todos experimentamos la fatiga y el cansancio, que es propio de nuestra condición de criaturas. Necesitamos descansar, pero no siempre sabemos cómo hacerlo y que el tiempo de descanso no se convierta en un egoísmo o incluso en ocasión de una ofensa a Dios. El descanso cristiano no es evasión ni simple ocio vacío, sino reordenación del corazón: volver a Dios, a los demás y a la creación. Los Padres de la Iglesia y los grandes autores espirituales lo entendieron como un acto profundamente espiritual. San Agustín enseña que “Descansamos en aquello que amamos” (Confesiones, 13, 9). Por eso, quien ama solo su comodidad no descansa; quien ama al prójimo, incluso sirviendo, encuentra reposo interior y descanso. San Juan Crisóstomo hace una afirmación que nos puede servir y es muy concreta: “Nada cansa tanto como vivir solo para uno mismo”. (Hom. sobre los Hechos, 20). Por eso hay personas que siguen cansadas, incluso después de “descansar”. Un buen método para pasar algunos días de descanso es, entonces, pensar en los demás.

Jesús mismo se cansó. Los Evangelios lo muestran cansado por el camino (cf. Jn 4,6), retirándose a lugares solitarios, durmiendo en la barca. No desprecia el descanso corporal, pero lo integra en una vida entregada. En Él no hay oposición entre trabajo, servicio y reposo: todo está ordenado al amor a Dios, al cumplimiento de su misión. El servicio —cuando nace de la caridad— no agota: ensancha el corazón.

Para otros autores espirituales la creación es escuela de paz y lenguaje de Dios. San Basilio exhorta: “Contempla la creación y aprende de ella el silencio y la armonía” (Homilías sobre el Hexaémeron, I). Y San Gregorio de Nisa añade: “La belleza de las cosas visibles eleva el alma hacia lo invisible” (De hominis opificio, 1). Mirar la naturaleza sin prisa descansa, porque ordena, porque nos saca del ruido y nos devuelve la medida de las cosas. San Pablo lo afirma con toda claridad: “Lo invisible de Dios —su poder eterno y su divinidad— se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido por medio de las cosas creadas” (Rm. 1,20).

También el descanso es buen tiempo para orar y leer cosas que nos eleven el alma a Dios. Puede ser el Nuevo Testamento. Se puede descansar orando, porque la oración no es una carga añadida, sino el descanso más profundo. San Ambrosio enseña: “Cuando lees, Dios te habla; cuando oras, hablas con Dios”. (De officiis, I, 20) Y no nos podría faltar la magistral frase de San Agustín “Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. (Confesiones, I, 1) Es decir, para un cristiano no hay descanso verdadero si el alma no vuelve a su fuente, que es Dios y las vacaciones pueden ser un buen tiempo para ello.

Ojalá tengas por delante en estas semanas algunos días de descanso. Pero entonces no olvides que el amor al prójimo vence al repliegue egoísta que invade con facilidad esos días; busca un poco de silencio y contemplación, que sustituye al consumo frenético que nos suele afectar en nuestro descanso; haz oración, que aquieta el corazón, especialmente frente a las dificultades, que muchas veces nos acompañan, también en el descanso y sirve a los demás, los que están contigo, tu familia, los amigos, los cercanos. Y cuando vuelvas, habrás hecho muchas cosas buenas, pero vendrás descansado, para reiniciar el trabajo habitual. Descansar en cristiano es volver a amar bien a Dios, a los demás y al mundo creado.

+Juan Ignacio