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amistad ni a la compañía de buenos
amigos,
tanto
hombres
como
mujeres. De hecho se le estimula para
que cultive amigos leales y dignos de
confianza. El sacerdote puede vivir
una vida célibe con muchos frutos y
fecundidad espiritual, si es un
hombre de oración, si ama a Dios y a
su pueblo.
El sacerdote es llamado a una
forma particular de renuncia a sí
mismo siguiendo las huellas de Cristo
que se entregó a sí mismo por
nosotros, y que fue célibe por servir a
Dios y a todos nosotros.